Alfonso Michel

La Galería de Arte Mexicano invita a la exposición individual de Alfonso Michel, Magia pura, curada por Daniel Garza Usabiaga.

Una historia sobre Alfonso Michel (1897-1957) aún necesita escribirse, imaginarse o inventarse. Como varios historiadores y críticos han comentado, el conocimiento más sistemático sobre el artista y su producción inicia en 1945 cuando tuvo su primera exposición individual en la Galería de Arte Mexicano – GAM, a sus casi 50 años. Se conocen pocas obras de este artista, originario de Colima, ejecutadas antes de ese año.

El tipo de obras centrada en objetos, flores y pequeños seres vivos fue uno de los géneros preferidos de Michel y es bastante preponderante en su producción de los años cincuenta, cuando tuvo dos muestras en la GAM: una en 1954 y la segunda en 1957 – días antes de fallecer. Distintos críticos de su obra han escrito sobre las naturalezas muertas que realizó durante este periodo y cómo se volvieron más complejas, tanto en su abigarramiento como en su simbología. Algunas poseen una cualidad “apocalíptica”, como anticipando el fin de su existencia. El misticismo de Cáliz (1956) es parte de este momento y refleja esta disposición. Esta pintura presenta otro de los motivos simbólicos recurrentes en la pintura de Michel y que se prefigura inicialmente como una mano separada de un maniquí en La carta (1936). Esta obra temprana testifica la continuidad de un interés a lo largo de su

Hay un mundo vivo, a nivel micro, que se desenvuelve en las naturalezas muertas de Michel. Pocos artistas guardan un afecto por el mundo de los insectos. En algunas de sus obras, discretamente, aparecen mariposas, larvas, gusanos y otras pequeñas e indeterminadas creaturas. Figuran, casi como la ilustración de una metamorfosis, en Un cielo en Manzanillo (1954) - una pintura donde destaca una mariposa como un astro luminoso sobre el fondo azul de la obra. La escena también incluye un par de conchas y caracoles de mar – otro elemento simbólico en las pinturas del artista. Estas caracolas, así como ciertos animales u otras entidades materiales no solo eran parte de un repertorio simbólico individual; muchas veces, conformaban motivos compartidos o guardaban significados encriptados por una minoría. Algunos de estos motivos, como los caballos o las caracolas, se encuentran presentes en el trabajo de varios de sus amigos artistas y colegas homosexuales, como Agustín Lazo, Roberto Montenegro, Juan Soriano, Jesús Reyes Ferreira, Luis García Guerrero, así como de otras creadoras como Lola Álvarez Bravo, a quien retrató (ca. 1945) tomando fotografías, y María Izquierdo.

Alberto Híjar describió de una manera muy certera este potencial simbólico en la obra de Michel, además de reconocer las virtudes plásticas de su pintura. En sus palabras: “Los cuadros de Michel acercan a lo que hace perdurable al arte: la capacidad de abrir un repertorio de signos, a sentidos diversos, a una riqueza subjetiva que toma como punto de partida a lo concreto para echar a andar la imaginación, el placer, la vida.”

— Daniel Garza Usabiaga