Pedro Reyes

En esta, su quinta exposición individual en LABOR, Pedro Reyes presenta una serie de esculturas, todas ellas tallas directas en piedra y un motivo vertical en concreto. En los muros las acompañan de una serie de pinturas al óleo sobre papel amate, el antiguo papel mesoamericano.

Para explicar esta reciente producción, Reyes (1972) hace referencia a una frase de Hans Arp: “El arte es un fruto que nace en el corazón del artista”. En ese sentido, estas obras han surgido como productos naturales de su mano, sin necesidad de parapetos o tesis que las gesten u organicen. Son obras que el artista deseaba realizar; junto a las que le gustaría vivir y cuya agenda se circunscribe a su concreción plástica específica.

Así, encontramos obras como Tleco, un monolito triangular, escalonado y zigzagueante; o Capricho, en la que sugerentes formas turgentes se intersecan en una estela rectilínea. También destaca Tatara, donde una serie de manos se posa sobre otra, disminuyendo progresivamente de tamaño, como si se tratara de la maqueta de un templo antiguo.

La muestra es el resultado de un trabajo sostenido técnico y formal en torno a la talla directa en piedra, ya sea recinto, tezontle, xiluca y cantera verde de Oaxaca en los que el artista demuestra su dominio total del material. A la vez, la producción de papel amate de gran formato es una extensión de su vocabulario visual habitado por la nomenclatura náhuatl que se encarna metafóricamente en su trabajo.

—LABOR