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Reseña
por Stefanía Acevedo
Tiempo de lectura
8 min
Dedicado a Ana María Martínez de la Escalera
Recientemente Cristina Rivera Garza se presentó en la UNAM y habló sobre el poder de la maldición, y sus efectos, no sólo cuando se arroja, sino en su continuación hacia el futuro porque: “Mientras la justicia no se cumpla, la víctima y el victimario seguirán unidos por el daño”¹. En México somos herederxs de la acumulación del abuso que ha encontrado su implosión en consignas lanzadas contra los distintos gobiernos responsables de la violencia y represión contra las movilizaciones políticas de campesinxs, obrerxs y estudiantxs. Los grupos y otras revueltas artísticas. Redes y colectividades en México 1976-1985 podría pensarse como una forma política de la maldición, materializada en formas de organización y heterogeneidad de respuestas contra el legado de la persecución política anticomunista, conocida como la Guerra sucia, que dejó sus marcas más profundas en la masacre de 1968 y el uso de grupos paramilitares en la represión de 1971.
Con un fuerte acervo del Fondo del MUAC y Centro de Documentación Arkheia, la exposición curada por Mónica Amieva, Pilar García, Julio García, Jaime González y Daniel Montero, en colaboración con la séptima generación del área de Estudios Curatoriales de la maestría en Historia del Arte (UNAM), reúne ambientaciones, obras, manifiestos, minutas, proyectos artísticos, catálogos, programas de coloquios y correspondencia que reconstruyen los caminos en los que se encontraron por lo menos 28 grupos artísticos. En esta exposición, además, se consolida el papel del MUAC, y de su antecesor el MUCA, como arconte de la historia del arte contemporáneo en México y de su poder en la selección y conservación de este archivo.

La narrativa de la exposición comienza con la X Bienal de Jóvenes Artistas de París que, desde su fundación en 1959, tuvo hasta 1977 un pabellón Latinoamericano en el que participaron cuatro grupos mexicanos, más uno: “Grupo Códice”, señalado por Alberto Hijar y los otros colectivos como un grupo hecho “a modo” por parte del gobierno mexicano y uruguayo. Controversias de este tipo están documentadas en cartas y artículos de periódico, mostrando que los procesos de negociación con las grandes bienales de arte siempre han girado alrededor del control de las instituciones y de su reconocimiento. La decisión de comenzar la narrativa de los grupos con la mirada internacional ofrece una lectura en donde las exposiciones en el extranjero han funcionado históricamente como un dispositivo que hace que el acto nominal de “ser artista” cobre efectos en el territorio nacional. Bajo esa crítica trabaja la ambientación Export-Import del Taller de Arte e Ideología, la cual se presenta sólo como documentación, en donde se muestra cómo opera la maldición del extractivismo de los territorios latinoamericanos. Quizá lo más valioso de ese proceso de exportación a París fue la creación del Frente Mexicano de Grupos Trabajadores de la Cultura donde se tejieron colaboraciones que asumían una posición más explícita del artista como un trabajador de la cultura con tareas estéticas en movimientos políticos obreros y campesinos. Este Frente organizó la muestra gráfica internacional América en la mira (1978), conmemorando el golpe de Estado en Chile y convocando públicamente a participar de una muestra en la que no se rechazaría ninguna obra, logrando así articular a diversos artistas a través de la circulación de su gráfica.

En los grupos se produjo una forma política de la maldición que ponía su trabajo a disposición de las calles y las revueltas. Ellos gestionaban sus propios desplazamientos en marcos institucionales como la Sección Anual de Experimentación (1979) en donde participó Grupo Suma con la ambientación La calle, la cual destruyeron después de ganar la beca asignada por el INBA. Se trata de una ética de trabajo en colectivo que ensayaba diversas estéticas, ideales y apuestas, como el manifiesto de Grupo Tetraedro. También ponían en juego el humor, la reivindicación de la cultura popular y la irreverencia, como el No-Grupo, así como el pop mexicano anti-imperialista de Peyote y Compañía. Emergía además una ética del compromiso con la defensa del barrio, de grupos como Tepito Arte Acá, que desde 1973 ya realizaba trabajos artísticos dirigidos hacia la lucha territorial urbana. Brotaba una ética de la autopublicación, que no es explícita en la exposición, pero que fue muy importante como forma de creación de redes y circulación de libros de artista, con proyectos como: El corno emplumado (1962-1969); Beau Geste Press (1972-1976); Ediciones La Cocina (1977-1993); Paso de peatones (1978-1980)². ¡Larga vida a los movimientos de autopublicación!
En un 2026 convulso esta exposición nos recuerda que las maldiciones siguen activas. Se muestra la importancia de apropiarse de las narrativas institucionales que producen su legitimación expropiando el trabajo de artistas y grupos del llamado sur global, quienes dan su tiempo, trabajo y vida para participar de exhibiciones tanto locales como internacionales; pero también, en algunos casos, por la articulación con luchas políticas. Por eso, son importantes gestos como la publicación del contra-catálogo, secuestrado por la embajada uruguaya en París, que los grupos mexicanos hicieron durante la X Bienal de París para apropiarse de la narrativa que suponía enviar artistas a representar a una región atravesada por la censura y persecución política. Así, se ha prolongado la maldición de las grandes muestras internacionales que buscan exhibir la revuelta de los territorios convulsos, pero sin la complejidad de sus artistas, tal como lo anticipó la documenta 15 y la complicidad genocida que actualmente mantienen las instituciones culturales en Alemania³.

Los grupos también es un diálogo con el presente, en tanto la desaparición forzada continúa ejerciéndose en este territorio, bajo otras tecnologías de violencia y con otros agentes, pero con la misma impunidad del Estado. La ambientación 1929: Proceso muestra la administración de la tortura ejercida por militares y policías signada con el año en el que nació el PRI. Con un calendario de 1979 colgado en una de sus paredes, se invoca no sólo el año en el que fue realizada la ambientación, sino otros dos acontecimientos: en México, la creación del Frente Nacional Contra la Represión; en Argentina, la frase emitida por el dictador Jorge Rafael Videla quien definió el papel jurídico de sus víctimas como: “No está ni muerto ni vivo, está desaparecido.”
Una de las maldiciones que sigue cargando esta muestra es el poco lugar que se da para los colectivos feministas. Si bien podemos encontrar las piezas audiovisuales de Colectivo La Revuelta, Taller de Cine Octubre y Colectivo Cine Mujer, exposiciones como “Coordenadas móviles: Redes de colaboración entre mujeres en la cultura y el arte (1975-1985)” (Museo Carrillo Gil, 2023) o “Radical Women: Latin American Art, 1960-1985” (Hammer Museum, 2017) han evidenciado que es posible revertir la condena que, desde 1983, hacía Polvo de gallina negra: “por culpa de una historia escrita con prejuicios sexistas casi no hay mujeres en la documentación histórica del arte”⁴. Esto podría hacernos entender, por ejemplo, por qué en la X Bienal de Jóvenes en París, de los 51 artistas que presentaban su trabajo en el pabellón de América Latina, sólo participaron 8 mujeres. Queda una deuda a las redes de mujeres que desde entonces ya denunciaban la violencia sexual a nivel nacional y en la escena artística, y que ejercían diversas herramientas como la autopublicación de forma impresa, audiovisual, pero también del performance, tal como fue La fiesta de quince años (1984).


Como alguien que en este momento ha decidido dejar de participar en colectivxs de activismo y de arte, esta muestra me atraviesa en la pregunta sobre cómo se narran y documentan los finales, tanto de las individualidades que pasan por ellos, como de lxs colectivxs en sí mismxs. Los inicios y los finales pasan por un montón de conexiones afectivas y políticas que dejan su rastro en la intimidad de los archivos, de ahí la generosidad de esta exposición que está conformada mayormente por ellos.
A veces me siento encerrada en una maldición que se extiende desde la anacronía (mismas consignas, mismas luchas). No sé cuándo va a detenerse y si algún día dejaremos de gritar: “Van a volver, van a volver, las balas que disparaste van a volver, la sangre que derramaste la pagarás, el pueblo al que asesinaste no morirá ¡NO MORIRÁ!”
1: Cristina Rivera Garza, “Cuando la mano feroz de la impunidad te roza la piel”, 13 de abril 2026, Sala Miguel Covarrubias, CCU, UNAM, ver: https://www.youtube.com/watch?v=XqQJis-vlMo
2: La era de la discrepancia, p. 170-191.
3: En donde también participaron colectivos mexicanos como radio nopal, radio cocina colaboratorio, cráter invertido, Erick Beltrán en su ensamble lumbung press, entre otros coladxs que pudimos ir gracias a la apertura y resistencia alegre de Arts Collaboratory y ruangrupa. Cfr. https://postfilia.com/2022/07/24/imagenes-publicas-imagenes-privadas/
4: Cfr. Conferencia-Evento: “Las mujeres artistas mexicanas o se solicita esposa”
Publicado el 26 jun 2026