Dolor, materialidad y cuerpos en "¿Cómo salimos?" de Teresa Margolles en MARCO

Reseña

Dolor, materialidad y cuerpos en "¿Cómo salimos?" de Teresa Margolles en MARCO

por Zara Almazán

->

Tiempo de lectura

6 min

El Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (MARCO) celebra ¿Cómo salimos?, la primera revisión de la trayectoria de Teresa Margolles en el continente americano. La exposición reúne más de dos décadas de una práctica artística que revela el cuerpo, la ausencia y la muerte como cartografías afectivas de la violencia: a través del mapeo antropológico y geográfico de emociones, políticas, vínculos y relaciones con la violencia, se exteriorizan realidades, intimidades e identidades.

Sin título 2025. Elegía de la Patria abre la exposición. A través de la recolección de 32 vidrios testigos de violencias y el ruido de un tren que cruza toda la república, la instalación reúne a todo el país en una sala. Cada vidrio se encuentra montado sobre una estructura metálica que los conecta al sonido y, por medio del despliegue de vibraciones, los hace temblar. Tiemblan como si el tren pasara al lado de ellos, tiemblan de miedo y de ausencia. Margolles nos introduce en el país y lo hace temblar, y nos hace temblar con él. “La resonancia que se genera a partir del elemento sonoro alude a la fragilidad entre la frontera del individuo y la situación a la que está sometido” una enorme y frágil frontera que todo tiene que ver con el territorio, otrxs cuerpxs, lo no vivo, el poder, el despojo, el miedo y el irreconocimiento. Así, la pieza evidencia una no-distinción del territorio y la selección de los materiales haciendo indiferenciable Monterrey de Culiacán, Culiacán de Zapopan, Zapopan de Coatzacoalcos, de Iguala o de Tapachula, de Apatzingán, de Palmarito. Al observar la pieza –en un país donde parece que la violencia es igual en todas partes–, me pregunto: ¿Qué revelaría distinguir un territorio en el marco de la violencia? O más bien, bajo estas condiciones, ¿se puede distinguir? ¿Qué develaría ponerle nombre a cada vidrio de la instalación? ¿Valdría la pena diferenciarlos?

Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.
Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.

En el recorrido por la muestra, la curaduría nos lleva de lo general a lo particular, siempre insistiendo en regresar al territorio; de hecho, nos jala con fuerza a él. Diría, entonces, que hay una exploración repasada, circular y reiterativa con/para/por/desde/sin el dolor, que me hace preguntarme qué otros lugares y qué otros materiales de nuestros habitares son testigos de violencia y la esculpen. Esto me lleva al despliegue de Banca y Aproximaciones al lugar de los hechos. Ambas piezas hacen uso del agua y la tierra para señalar eventos violentos, la primera lo hace desde el cuerpo-muerto, haciendo uso del agua utilizada para lavar cadáveres en autopsias; la segunda, desde el cuerpo-territorio, al utilizar el agua que sirvió para delimitar escenas de asesinatos. Las piezas construyen al cuerpx violentadx no sólo como unx humanx, sino como unx orgánicx, inerte, rizomáticx; unx actuante vivx. Ese cuerpx violentadx es también esa tierra y esa agua, es el árbol, la pared y la casa, es la piedra, la lluvia, la matria. Es unx cuerpx muy vivx, pero sin órganos. Unx cuerpx y un material testigo, objetos cambiantes que siempre se convierten en otra cosa. Su descontextualización los convierte en otra voz.

Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.
Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.

Trepanaciones (Sonidos de la morgue) –que por cierto me recuerda a las piezas de Colectivo SEMEFO– tiene, en cierta medida, una cualidad flotante, desencajante, pasa casi desapercibida y, aunque pareciera explícita, resalta ese carácter de no saber en dónde estamos o en dónde está sucediendo. La pieza presenta la grabación en audio de una trepanación craneal durante una autopsia. En ella se percibe la caída de líquidos, el uso de herramientas, pasos, voces, acostumbramiento… Por medio de la imaginación, la muerte y el desgarro se vuelven tangibles; el llanto fue inevitable. Rivera Garza afirma que “el dolor no sólo destroza, sino que también produce realidad” Entonces, me pregunto: ¿Podemos medir la violencia de otras maneras? ¿Por qué el dolor pareciera ser la única referencia?

Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.
Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.

Lo explícito de las piezas viene de su procedencia; eso mismo es lo que nos atrae de vuelta a ellas y al territorio. Hay una personalidad y una identidad en los materiales. Tenemos un hilo en común combina telas impregnadas con fluidos de muertes por feminicidio con bordados tradicionales. El proceso de la pieza hermana e identifica: primero con las mujeres que realizaron los bordados que, al mismo tiempo que hacían esta labor, narraban sus historias de pérdida y dolor; después con la activación de dichas telas con el público. La pieza recalca que la muerte es colectiva y, en la exposición, transmatérica, pues exalta que los materiales desplegados no tienen una única función y, mucho menos, un fin.

Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Zara Almazán.
Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Zara Almazán.

Casi en las últimas salas se presenta Pistas de baile, una serie fotográfica de mujeres trans que posan sobre sus antiguos sitios de trabajo, demolidos por orden gubernamental, y en la sala siguiente La Promesa, una instalación con escombros pulverizados de una de las únicas casas que permaneció erigida tras eventos hiperviolentos. Ambas piezas tienen lugar en Ciudad Juárez, desde un territorio muy específico, no desde lo nacional, sino desde un domus: algo familiar. La curaduría nos lleva de regreso a lo que reconocemos, a la tierra, al espacio que pisamos, a lo que parece general. Ello puede ser la casa, el pueblo, el despojo, el desapego, el miedo, el dolor, la violencia misma. Hay un reconocer afectivo con la violencia.

Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.
Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.

Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.
Vista de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía: Arthur Mora.

Vistas de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía 1: Arthur Mora | Fotografía 2: Zara Almazán
Vistas de la exposición “¿Cómo salimos?” de Teresa Margolles en MARCO. Cortesía del museo. Fotografía 1: Arthur Mora | Fotografía 2: Zara Almazán

Ya de regreso de Monterrey veo que el territorio de la violencia parece un lugar indómito, indiferenciable, incalculablemente doloroso. Este dolor me asusta y me vuelve a doler. ¿Cómo salimos? Quizá la exposición sugiere que no se sale dejando atrás el territorio, sino que la agencia que produce el dolor –con el cuerpo de tierra, el cuerpo de agua, el cuerpo, la cara, el cuerpo hablado y el cuerpo habitado– es una fuerza de la memoria que nos enfrenta a un país donde la violencia ya no distingue cuerpxs: ¿Cómo salimos? de la violencia, la encarnación, la domesticación, el sometimiento, la muerte, el olvido, la ignorancia institucional, la ausencia, la indolencia civil, la identidad violentada, de mi territorio herido, el dominio, el régimen, el dolor, ¿cómo salimos?

— Zara Almazán

1. ¿Cómo salimos? Teresa Margolles. MARCO. [Texto de Sala. Sin título, 2025. Elegía de la Patria].

2. Dolerse: textos desde un país herido. Cristina Rivera Graza, 2011. p. 44.

Publicado el 26 abr 2026