
Reseña
por Fernanda Ballesteros
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Expresar es apretar para que algo salga, me dijo Madero. Él, en su pintura, prefiere mecerse en un diálogo de bebés. Las palabras detrás de sus colores se derriten por los bordes o chapotean en huevos cósmicos. Julián evita el acercamiento delicado y ceremonioso hacia la tela estirada del bastidor: lo que busca es perder el control para soltarse, para jugar con hojas delgadas llenas de ácido que crujen y reciben trazos sin miedos.
Julián, al llegar a su taller, despierta la mano con pintujos y los ríos que suben de ahí. Aterriza diario sobre este espejo barato donde suelta humor, silencios, huecos, ampollas. Hace tres años esta rutina empezó como un acto de ternura contra un inicio de depresión. Luego lo atrapó el impulso de entrenar los dedos sobre la materia, la delicia de la improvisación, los calentamientos físicos, pero también mentales, psicológicos, oportunidad para deshebrar la masculinidad, el erotismo, las herencias, el excedente de energía.

Sandra Sánchez, Carlos Morales y el artista envolvieron paredes hasta el techo de pinturas con alma de dibujos. La curaduría tomó el mismo proceso que los pintujos en coreografías del espacio. Completaron una pared por día y, en esos conjuntos, quedó marcado un baile de bebés. Había tanto color y tanta decisión que los ojos se volvían grises, me contó Sandra. Lo que dictó el ritmo fue lo que escondieron los cuerpos esas horas. Terminaban los tres sin hablar, el diálogo con miradas hundidas en horizontes eternos o inexistentes.

Chichis que son ojos, un perro oliendo a otro perro, tigres, corazones, siluetas repetidas, encorvadas, montañas sin sombras, líneas, lombrices. Lo que sea es un pretexto. Lo trascendental, Madero lo mete en encaminarse al umbral donde los huesos se disuelven y las plastas de color aparecen como lagos donde nuestros ojos regresan a ser de bebés, en una propiocepción donde no hay jerarquías, donde cualquier elemento tiene la potencia de inflarse en las burbujas que explotan nuestro asombro infantil.
Pintura para bebés puede visitarse en Proyecto Mono Rojo (Eligio Ancona 232, Santa María la Ribera) hasta el 17 de julio. Previa cita en IG @proyecto_monorojo

Publicado el 29 may 2026