
Reseña
por Eric Valencia García
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El trabajo de Christian Camacho llama la atención por su sutileza. Es como si a través de él nos mostrara lo que los objetos hacen en secreto. Sus obras son laboratorios: espacios en donde pone “cosas para ver cómo funcionan sus relaciones”¹, cosas que pueden ser un ángulo, un reflejo, una transparencia.
Actualmente, Camacho está presentando en la Galería Karen Huber la exposición titulada Santa Catarina, una serie de pinturas de diversos formatos, en su mayoría con escenas cotidianas de sus recorridos por la ciudad homónima de Nuevo León, lugar donde radica. Las obras están inspiradas en el arte musivo, una tradición milenaria que consiste en construir una imagen con pequeños mosaicos de distintos colores.

Después de la sorpresa que causa ver la minuciosidad con la que cada obra ha sido realizada, me llama la atención la intensidad del color del cielo nocturno de Varios lados (cruce). Al mirarla de cerca, se observa que el efecto es producido por la interacción entre un color gris sobre el que ha pintado pinceladas de un azul más saturado. El detalle me hace notar que este color gris corresponde a una primera capa de pintura que se ha colocado en toda la superficie del lienzo, y que así como en esta obra, todas las de la exposición tienen un fondo colorido, casi siempre monocromo. El uso de colores de fondo es una tradición en la pintura que adquiere relevancia en el barroco: se aprovecha el efecto que se produce gracias a la transparencia de los pigmentos, que son atravesados por la luz para después refractarse en el fondo, lo cual termina por iluminar a los pigmentos por detrás.
La manera en que deja ver este fondo de color y explicita su función es muy interesante, pues aprovecha los resquicios entre las pinceladas para revelarlos de manera casi imperceptible. Las imágenes que evocan los recorridos del artista por Santa Catarina tienen una porosidad por la que se cuela este color de fondo. Si me detengo en estos detalles es porque permiten responder, aunque sea momentáneamente, la pregunta por las cosas que Christian Camacho pone en relación en esta exposición. Diría que se trata de los objetos propios de la pintura: el fondo de color, la transparencia del pigmento, el hueco, la imagen y la luz.

El interés por la porosidad no se agota en el uso de las pequeñas pinceladas, igualmente podemos observarlo en algunos de los marcos construidos con formas geométricas huecas que parecen dejar ver la pared donde han sido colgados. También, aunque quizá de manera menos evidente, en otro tipo de marcos que parecen sumergir la obra en la pared.
En una transmisión en vivo donde da un recorrido por su estudio, Camacho comparte su obsesión por la idea de “cosas planas cuya forma de desdoblarse es ponerse de pie”². En esta operación el “desdoblarse” recuerda al concepto de pliegue, que puede entenderse como una función que reorganiza una continuidad –a su vez infinitamente plegada– de manera que aparecen nuevas relaciones entre sus partes: interior/exterior, arriba/abajo, cercano/distante. No hay un solo pliegue, sino maneras de plegar y desplegar; cada una produce diferentes tipos de relaciones³. Me parece pertinente traer este concepto a colación por la manera en que el artista hace que los objetos se afecten: haciéndolos plegarse o desplegarse mutuamente, produciendo maneras inusitadas de comportarse, como en la idea de las cosas planas y su manera de desdoblarse, mencionada anteriormente.

Pienso en esto específicamente en relación a los marcos que sumergen la obra a la pared y cómo esta relación revierte topológicamente la cualidad objetual del lienzo: ¿ahora el lienzo tiene una cualidad de pared?, ¿está atrás?, ¿atrás de qué? Y el marco, ¿devino de pronto pared?, ¿ya no separa la obra del espacio, sino que la integra a él? Algo parecido sucede con la relación entre las imágenes, las pinceladas, los huecos, el color de fondo, la luz, el filtro, el reflejo, la pared… apreciamos cómo se pliegan y se despliegan mutuamente, cómo sus funciones ópticas o narrativas se enrarecen, produciendo pequeños fenómenos inusitados.
Así es como Santa Catarina nos permite volver a la pintura para ver sus secretos y la intimidad en sus relaciones matéricas, físicas y ópticas más sutiles.
Portada: Christian Camacho, Santa Nocturna (detalle), 2026, óleo sobre lienzo, 48.7 x 58.7 cm (con marco). Cortesía Galería Karen Huber. Fotografía: Ramiro Chaves
1: Christian Camacho, “USO. Objetos de arte. Visita de estudio,” YouTube video, 19 de octubre de 2020, https://youtu.be/NA3nVksC1cU.
2: Ibidem.
3: Gilles Deleuze, El pliegue: Leibniz y el barroco (Buenos Aires: Paidós, 1989).
Publicado el 21 may 2026