Aurora Pellizzi en La Tallera: la sorpresa constante

Reseña

Aurora Pellizzi en La Tallera: la sorpresa constante

por María Olivera Monroy

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Ante todo, el movimiento y la insistencia. La repetición de patrones también es una manera de decir: “Aquí hay vida, aquí hubo juego”. La exposición Entrelazo de Aurora Pellizzi en La Tallera de Cuernavaca, dedicada a la memoria de Carla Stellweg, quien llevó a cabo la curaduría, se configura como un espacio de expansión y descubrimiento constante, parecido a cuando miramos las cosas por primera vez y tenemos consciencia de ello.

Paradójicamente, aquí nada aparece por primera vez, las piezas están hechas con materiales que forman parte de nuestro imaginario y nuestro cotidiano como jergas, bolsas de plástico, escobas, artefactos de limpieza, entre otros. Estos artículos, en el contexto de las piezas de Pellizzi, producen una sorpresa constante. Lo que parece un rostro, también es una colección de objetos de metal. Lo que asemeja un banderín, es el resultado de una delicada intervención de hilo plateado sobre una superficie de jerga azul.

Las instalaciones forman parte de Mojigangas, un proyecto desarrollado recientemente y que ha sido expuesto en espacios como Salón Acme (2023). Se trata de estandartes realizados con jergas, objetos domésticos de limpieza y cocina que recrean distintas imágenes para explorar las posibilidades de la máscara y la deformación de escalas en un contexto festivo. Además de su escala, su distribución en el espacio nos invita a repensar el trabajo de cuidado y orden en el hogar –típicamente relacionados con lo femenino y privado– frente a la idea de lo carnavalesco donde hay juegos de roles y las labores son colectivizadas. De pronto, el material textil aparentemente rústico, habita el espacio como si se tratara de una celebración en pausa.

Aurora Pellizzi, “Entrelazo”, vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.
Aurora Pellizzi, “Entrelazo”, vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.

Al posicionarnos frente a esta instalación, la mirada va del cielo a la tierra y de regreso en un tránsito vertical. Hay gestos fuera de control: elementos que cuelgan más allá del límite de la jerga, plumeros que se erigen firmemente o rostros que encuentran su hechura entre pasadores, lentejuelas, pompones, flecos y mechudos. Pocas cosas tan cercanas a lo ritual como el reconocimiento de una cara que se asemeja a nosotrxs. Aunque se trata de un conjunto de objetos inanimados, de este lado de la sala, ya hemos sido cómplices de sus personalidades. Tengo la impresión de que Pellizzi participa también de este juego, pues los títulos de estas piezas son en realidad nombres propios: “Jacinto” o “Cholita”, por ejemplo. Como escribió la poeta Rae Armantrout, “¿Y si hubiera un placer oculto en llamar a una cosa con el nombre de otra?”. Aquí hay algo de eso.

Aurora Pellizzi, “Entrelazo”, vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.
Aurora Pellizzi, “Entrelazo”, vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.

Otra pieza que juega entre la imagen y su hechura es Rana / Breaststroke (2022), una obra que representa un cuerpo con rasgos femeninos nadando. A simple vista, la pieza puede confundirnos entre lo textil y lo pictórico; finalmente, se presenta como una instalación realizada con bolsas de plástico sobre ayate, misma que forma parte de la serie Plastex que la artista comenzó en 2017, tras el sismo, con la intención de crear colchonetas para mejorar refugios improvisados y transformar materiales de desecho en objetos útiles. De ella me gustan muchas cosas: el factor sorpresa al identificar el material, la figura que sugiere un momento muy ad hoc al imaginario de la “eterna primavera” en Cuernavaca y la manera en que está adherida sobre el muro, como un animal en el momento previo a su siguiente movimiento.

Ser cuerpo. Ser pintura. Ser repetición.

La sensación de movimiento en pausa que acompaña la primera sección de la exposición se expande con mayor dinamismo hacia una instalación de gran formato que la artista realizó específicamente para esta muestra, y que dialoga con la aspiración a una plástica integradora impulsada por David Alfaro Siqueiros. Entrelazo, que también da título a la exposición, encarna el movimiento y la colaboración de tal manera que el gesto se extiende hacia los pisos y las paredes. Surgió de un proceso colaborativo con el colectivo de patinadoras Roller Bunny Babes, con quienes la artista desarrolló acciones que combinan la impronta corporal con el desplazamiento en el espacio.

Aurora Pellizzi, “Entrelazo”, vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.
Aurora Pellizzi, “Entrelazo”, vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.

El resultado es un conjunto de telones en gran formato que guardan la huella del movimiento, tanto de los patines como de las siluetas de las patinadoras en distintas posiciones, cual pinturas rupestres. ¿Será que darle al cuerpo femenino en movimiento un espacio activo en las salas de exhibición sigue siendo un gesto revolucionario? La instalación textil, además, está acompañada por una pista de patinaje como una insistencia por configurar otros modos de habitar y activar los espacios expositivos. Se presentan, también, una serie de proyecciones de video realizadas por Cristian Manzutto que da cuenta del proceso de creación de la obra mural que se extiende hacia el piso.

Finalmente, se presenta la pieza Gorgona, una intervención diseñada y producida originalmente para la sala Espacio Uno del Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, y que aquí, en La Tallera, ha sido montada entre dos columnas que preceden al cuarto de murales de Siqueiros, acentuando su carácter de telaraña. La obra se realizó usando lana teñida con tintes naturales sobre nueve ayates hechos de fibra de henequén que, unidos, crean una espiral de piernas de serpiente entrelazándose. En la mitología griega, la gorgona se usa como protección en la entrada de los templos. Está relacionada con lo temible, pero también con la fuerza; ambas connotaciones se relacionan con la figura de la mujer, cuestionando las asociaciones y supersticiones sobre este tipo de representaciones femeninas.

Aurora Pellizzi, "Entrelazo", vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.
Aurora Pellizzi, "Entrelazo", vista de la exposición, La Tallera, Cuernavaca. Fotografía: Ramiro Chaves.

En mi visita permanecí largo rato frente a esta pieza, descubriendo la imagen y pensando en la metáfora que sugiere Lucy Lippard para hablar de feminismo: la telaraña como una imagen de conexión, inclusión e integración que permitiría la ruptura de barreras de raza, clase y género. Pensé también en las sensaciones que da la muestra en su conjunto: lo que flota como la telaraña hecha de piernas entrecruzadas, lo que cae como las jergas que insisten en su condición de peso y lo que se transforma mediante la repetición de patrones y el movimiento del cuerpo. También existe una clara intención de situar esta propuesta dentro de una dimensión colectiva que configura un entramado compartido: el diálogo curatorial con Stellweg y sus múltiples referencias, las intervenciones realizadas junto a las patinadoras y la atención a los objetos vinculados al ámbito doméstico. Aquí se ponen en el centro los cuerpos, los deseos de construir en comunidad, el gozo y el atrevimiento.

María Olivera Monroy

Publicado el 26 mar 2026