
Entrevista
por Josephine Dorr
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Apenas aterricé, el equipo de 101 Grados: Semana del Arte Mexicali me invitó a probar la cocina típica de la ciudad: la comida china. Sentada con otros casi veinte comensales, entre ellos invitados del programa de charlas y talleres –como la escritora Chris Kraus, los artistas Abraham Cruzvillegas e Ingrid Hernández, y la curadora cachanilla¹ Marielsa Castro–, intentábamos atrapar al vuelo los platillos que giraban rápidamente sobre una plataforma al centro de la mesa circular.
“Hot Hot Hot”, repetía la seductora comunicación visual del evento. Por suerte, no hubo un calor abrasador, pero sí arte en ebullición, y una vibra particularmente cálida.
La programación de estudios abiertos y exposiciones ofrecía distintas aproximaciones a la producción artística, no sólo de Mexicali, también del norte de Baja California. Una reunión en casa de Patty Fontes y Alonso Elías, quienes han reunido una extensa colección dedicada al arte de la región, amplió aún más ese recorrido.
Entre las inquietudes de lxs artistas mexicalenses me parece que destacan temas como la escasez del agua, la opresión de la religión católica, la violencia derivada del patriarcado, la promesa de progreso fallida, las consecuencias de la condición fronteriza, así como la ternura y la comunidad como herramientas para sobrellevar estos problemas. Es evidente que existe un fuerte arraigo a lo pictórico. Sin embargo, como pudo verse en 51 Grados, una muestra de la escena emergente local, presentada en el Taller de Arte Cero/Cero, los artistas experimentan con un amplio abanico de técnicas y materialidades.
Tras pasar tres días a su lado, conversé con Mayté Miranda, figura clave para entender la escena artística actual de Mexicali. Mayté es artista y curadora. Forma parte del Archivo Familiar del Río Colorado y actualmente es curadora del espacio independiente Planta Libre. Organizó la primera edición de la Semana del Arte Mexicali junto a Sofía Hernández Chong Cuy, Diana Jiménez y Minoru Kiyota.

Josephine Dorr: ¿Por qué era necesario que Mexicali tuviera una Semana del Arte?
Mayté Miranda: Al inicio, no habíamos pensado necesariamente en una Semana del Arte, se decidió después de tener una conversación con varios agentes culturales y artistas. Las preguntas eran qué necesidades tenía la comunidad artística de la ciudad y qué deseos había también. Principalmente, lo que señalaban era la falta de reconocimiento hacia el exterior. Otra cosa que se mencionó fue una falta de retroalimentación. Y tal vez aquí voy a hablar de lo que a mí me interesa: una profesionalización de los espacios y de los artistas, empezar a proponer que sucedan las cosas con cierta estructura. Ver una dignificación del trabajo de artistas, gestores y curadores.
Entonces, consideramos que la llegada de gente de fuera que entablara relaciones con personas de aquí era importante: tratar de que los circuitos no sean tan endogámicos, sin quitar el protagonismo de la comunidad artística mexicalense. La Semana del Arte definitivamente fue un catalizador para que sucedieran más exposiciones, más actividades. Además se logró el objetivo de crear un puente hacia el exterior. Por ejemplo, el diálogo que entablaron Abraham [Cruzvillegas] y Teresa [Margolles] con muchos artistas estuvo increíble.

Lo que me quedo pensando es cómo hacer que la escena se active más seguido, que haya un hábito, por ejemplo, hacer más open studios a lo largo del año. Hay elementos que quiero ver cambiar, y hay muchos otros que no. También la falta de referentes produce cosas muy genuinas y no tener que responder a un mercado. Siento que está padre la integridad sin sacrificar que se haga justicia a tu trabajo, que se te remunere bien, que puedas sostener tu práctica sin precarizarte, etcétera. Yo creo que otro de los objetivos que teníamos era promover la venta, acercar a nuevos públicos interesados en la compra, porque hay mucha gente en Mexicali que puede pagar una obra de diez mil o veinte mil pesos. El problema es que en una ciudad fronteriza como esta, donde no hay museos de arte, y con un aspiracionismo gringo prioritario, la gente no gasta en arte. Por lo tanto, la opinión que importa es la de tus pares. Los artistas y curadores son personas de clase media que participan de muchas actividades externas, tienen un trabajo de oficina, son maestros, etcétera. No es elitista y eso a mí me gusta. Yo le veo un valor muy grande a las prácticas que existen aquí, en Mexicali.
JD: ¿Cómo explicas esta gran cantidad de artistas en un contexto donde el mercado es casi inexistente? ¿Qué es lo que sostiene esta energía creativa?
MM: Si tuviera que nombrar algo yo creo que sería el aburrimiento. Por ejemplo, hay otro caso muy peculiar que me encanta, nuestro vecino San Luis Río Colorado, una ciudad tan pequeña que si te paras en medio de cualquier calle vas a ver el horizonte. Ahí hay una escena de noise y música experimental muy cabrona. Antes de la pandemia, el artista Ramón Saturnino armaba instalaciones en los eventos y llegaban un chorro de morillos. Para mí, en Mexicali, pasa algo similar: el aburrimiento, en primer lugar, y la comunidad. Creo que los circuitos artísticos están hechos de afectos y de compas, eso moviliza mucho. El deseo de que pasen las cosas es más fuerte que las dificultades, como el clima, o lo que sea.

JD: ¿Qué prácticas o lenguajes están particularmente presentes en la producción artística local?
MM: Definitivamente, la pintura. Hay muchos ceramistas también porque Mexicali es prácticamente puro barro por el río, pero su presencia en la escena artística no es tan fuerte. Yo veía a la generación de Pastizal Zamudio experimentar mucho con materiales efímeros, por un momento se veía una exploración en esta onda de Lucy Lippard, muy Bikini Wax. Pero creo que antes y después de esto todos regresaron a la pintura. Ahorita veo a muchos artistas jóvenes experimentando con tela, pero siento que eso pasó a nivel global. Y ya se ejercita más la tridimensionalidad en las obras que se exponen en la Bienal de Baja California, se sienten nuevas presencias. Por otro lado, creo que en Mexicali se están cruzando las escenas de la música y de las artes visuales. Era algo más común en la generación de Luis G. Hernández, pero, por ejemplo, ahora se encuentra en la práctica de Adrián Pereda Vidal con el arte sonoro.

JD: El muro fronterizo que colinda con Calexico forma parte constante del paisaje urbano. En tu opinión, ¿cómo influye la condición fronteriza en las prácticas artísticas y en su circulación?
MM: Yo creo que Mexicali tiene una relación con la frontera muy diferente a, por ejemplo, Tijuana, ciudad para la que por un momento fue fácil establecer un circuito de arte sólido, tuvo que ver Insite² y también tener a una ciudad muy grande al lado, que es San Diego. En Mexicali, nuestro vínculo con EEUU está más en Los Ángeles por la MexiCali Biennial³. Creo que nuestra relación con la frontera es mucho más silenciosa porque no hay una vinculación real con Calexico. Después de que Pastizal hizo este proyecto por medio de Insite (2022-2025), por invitación de Andrea Torreblanca⁴, se abrió mucho la conversación acerca del border art y cómo se percibe la presencia fronteriza en Mexicali. Pero aquí no se habla de la frontera como la crítica a la estructura metálica violenta, es algo mucho más introspectivo, se habla de la migración sin hablar necesariamente de la frontera. Creo que Miranda Varo es una de las personas que más ha representado históricamente la frontera y ni siquiera siento que lo haga de la misma manera que se hace en Tijuana, lo hace de modo mucho más poético, creo, y de repente se burla: tiene una imagen increíble la de la frontera con el sol de los Teletubbies, y en vez de la cara del bebé, es la cara de Trump. O por ejemplo, Omaris Molina⁵ [quien participó en la performance de clausura de la Semana del Arte Mexicali] y Pilo Aceves tenían este proyecto que se llamaba Agrogonía: un registro audiovisual del paisaje en el Valle de Mexicali hablando desde la contaminación, la escasez hídrica y la presencia del narco. Pilo hizo una serie de videos con performances de Omaris y también fotografías de la basura, de la sequía, etc. Y eso desde Planta Libre nos lo llevamos a Salón Acme (2023). Para mí es relevante ese tipo de prácticas porque hablar del narco también es hablar de la frontera, es hablar del norte de México. Hablar de la escasez hídrica en el río Colorado también es hablar de una cuestión fronteriza porque recibimos el agua desde allá en un acuerdo binacional. Entonces, la frontera no tiene protagonismo de manera tan literal, pero está implícita en el tema, más desde sus consecuencias.
Respecto a las vinculaciones de la escena hacia afuera, por ejemplo, Chris Kraus en su libro de Where I Belong habla de ese momento cuando llega a Mexicali Rose⁶. Luego, un espacio de Nueva York la invita a curar una exhibición y ella decide invitar a Marco Vera.
Más bien, creo que hacia el centro ha sido más difícil. Muchos artistas se van a la Ciudad de México, a Tijuana o a Guadalajara. Falta crítica, curadores, figuras que se encarguen de vincular para que los artistas locales puedan exponer fuera de la ciudad.
JD: ¿Qué te gustaría que ocurriera en los próximos años?
MM: La aparición de estas figuras que ayudan a la profesionalización y, definitivamente la documentación de la historia del arte en Mexicali y la formación del mercado.

Es probable que esto suene romántico, pero en Mexicali me fascinó ver cómo tantos artistas increíbles brotan del desierto, por necedad. Entre los artistas cachanillas, cuyo trabajo conocí aquella semana, me gustaría destacar a los jóvenes Annia Monroy y Mauricio Tapia López, además de Luz Yaneli Montiel y Hugo Fermé, cuyas exposiciones⁷ me parecieron particularmente contundentes. Me atrevo a decir que estas personas ilustran una expresión que Alejandro Espinoza usó en un conversatorio⁸ para caracterizar a los mexicalenses: “somos tiernos y salvajes”.

Portada: Obra de Paula García. Fotografía: Josephine Dorr
1: Cachanilla es el gentilicio popular para las personas originarias de Mexicali. El término proviene de una planta del desierto utilizada históricamente por los pueblos nativos para construir sus casas.
2: Fundada en 1992, INSITE desarrolla proyectos curatoriales, comisiones con artistas, publicaciones, conversaciones e iniciativas a través de colaboraciones entre artistas, agentes culturales, instituciones y comunidades, arraigadas en la noción de lo público así como el ámbito cívico y social.
3: La MexiCali Biennial es una organización de artes binacionales fundada en 2006 por Luis Hernández y Ed Gómez, que explora las áreas de California y México como un sitio único para la producción estética. La bienal presenta exposiciones nómadas que se asocian con instituciones para exhibir artistas emergentes y establecidos.
4: La bailarina, performer y maestra Omaris Molina viene de la corriente y estilo que desarrolló Rosita Gómez (1982-2025), cofundadora con Luis Ongay (1979-2014) de SinLuna Danza Punk, una compañía de danza que fue muy importante en Mexicali.
5: Más información sobre el proyecto en https://insiteart.org/people/torreblanca-andrea-1
6: Fundado por el cineasta mexicalense Marco Vera, en 2007, como un taller audiovisual para niños del barrio Pueblo Nuevo, colindante con la frontera. El proyecto se expandió para incluir talleres de oficios y artesanías, una galería comunitaria dedicada a exhibir el trabajo de artistas locales e internacionales, un cineclub que presenta obras de cineastas mexicanos y extranjeros, así como una estación de radio creada para ofrecer una plataforma libre y sin censura a las juventudes locales.
7: Más información sobre estas exposiciones en https://semanadelartemexicali.com/evento/mientras-crece-el-silencio/ y https://semanadelartemexicali.com/evento/hugo-ferme-flujo-fantasma/
8: Me refiero al conversatorio "La historia secreta de las artes visuales en Mexicali" que dieron Alejandro Espinoza, Luis G. Hernández, Mayté Miranda e Israel Ortega en La Joyita, el 18 de abril de 2026.
Publicado el 16 may 2026