Reseña
Publicado el 24 jul 2020

El fantasma de la identidad produce payasos | Sobre la exposición de Juan Caloca

En Estudio Marte
Reseña
por Stefanía Acevedo
En Estudio Marte

Tuve la oportunidad de conversar con Juan Caloca (México, 1985) sobre su más reciente exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo… y para mis amigos, en Estudio Marte. El texto de sala, casi escondido, es una traducción libre del artista a un poema de la rapera británica Kate Tempest. En uno de sus fragmentos enuncia: “Va a pasar / Mi país se cae a pedazos / Toda la cosa se cae a pedazos”. Con ello se refleja el actual momento de incertidumbre que, entre otras cosas, limita el número de personas que pueden estar al mismo tiempo en un espacio cerrado, pero abre la posibilidad de generar encuentros más íntimos entre quienes visitan la muestra:

“Me parecía pertinente poder compartir esto en estos momentos de ansiedad y de distanciamiento y poner esta exposición como un pretexto para ver a mis amigos de vuelta”, dice Caloca.

La muestra se compone de una serie de 15 grabados, o impresiones de rostros, producidos desde 2018 por el artista: “Yo llego a estas imágenes a través de un proceso performático: me pinto la cara de payaso y después hago una impronta de eso. Por eso la decisión de elegir una tela de toalla como soporte, que es el material que se utiliza para remover el maquillaje. […] Yo les llamo faceprints.” En este proceso, a veces participaron sus amigos. El último fragmento del título de la muestra, “…y para mis amigos”, es, de hecho, una adición a manera de intervención que el artista hace a una frase del poeta infrarrealista Mario Santiago Papasquiaro. Con ello, da cuenta de aquellas reuniones en que, según describe Caloca, él y sus amigos se juntaban, bebían, se pintaban mutuamente y generaban una impresión de este tipo. En la exposición se encuentran algunos de ellos como fantasmas o huellas sin identidad.

Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo…  y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista
Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo… y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista

Los rostros de payaso plasmados en las telas suponen una pregunta del artista por su propia identidad, planteando una extrañeza desde esta figura liminal que, por un lado, se sitúa entre la comedia y el entretenimiento, y por otro, muestra la capacidad de ser crítico e incómodo desde la ironía en la que el maquillaje funciona como pigmento, la toalla como lienzo, el cuerpo como medio y el mercado del arte como público esperando el nuevo chiste:

“Me plantee cómo hacer pintura sin ser pintor, qué significa pintar y cómo puedo pintar yo desde mis preguntas”, comenta Caloca.

El acompañamiento curatorial se generó también a partir de conversaciones con amigos del artista, quien finalmente tomó las decisiones de montaje. No hay fichas de obra. Su proceso lo comparte oralmente a los visitantes. Mientras algunas piezas tienen marco y otras sólo bastidor, varias de ellas se muestran simplemente colgadas, dejando ver intencionalmente las hebras deshilvanadas y explicitando un proceso inacabado.

Las piezas se distribuyen en dos salas, en la principal encontramos quizá la pieza más siniestra por su crudeza e incompletud. Apenas y se distingue un rostro por la nariz verde del centro y una barba que se escurre hasta llegar al final de la tela. Otras manchas aleatorias acompañan ese rostro. La referencia a una manta con rostro plasmado remite al imaginario de las apariciones sagradas, pero no hay nada de eso aquí, es sólo un payaso.

Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo…  y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista
Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo… y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista

Las piezas centrales, sin embargo, son una serie de cuatro grabados con distintos colores de toalla. Algunos tonos impresos en ellas se pierden en el obscuro color de la tela, otros se muestran más nítidos, pero no por ello más delineados. Escondidos por la sombra que genera una gran ventana, encontramos en una esquina tres rostros más junto al título de la exposición y a un agradecimiento para los amigos, ambos en letras diminutas. Las tres piezas nos muestran distintas formas de maquillar y crear rostros de payasos. Antes de pasar a la siguiente sala, encontramos un grabado que se distingue por sus colores fosforescentes y formas más definidas, quizá en este caso la combinación entre el color de la tela y el maquillaje es lo que logra hacer emerger este rostro que parece casi trazado.

Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo…  y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista
Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo… y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista

Al fondo, en la segunda sala, hay algunos globos inflados o ponchados, colgando del techo o en el piso. Dan la sensación de que hemos llegado tarde a una fiesta y, con ello, llega una especie de nostalgia o decepción. A lo largo de su producción, Caloca se ha interesado por acompañar sus piezas con otros objetos, con el fin de generar una tensión entre las mismas y la atención del espectador. Los globos acompañan a 6 piezas con impresiones un tanto más macabras que las anteriores. El grabado de lo que parece ser un niño sonriente sobre una tela negra es quizá la pieza más tétrica, es más difícil sostenerle la mirada. Los detalles de este rostro son penetrantes, haciendo de su presencia la más fantasmagórica, como si hubiéramos llegado al fondo de esa identidad desdibujada que recorre toda la exposición. En un grabado semejante, pero en tela azul, se encuentra una figura que parece una cabeza degollada que grita. El aceite con el que se prepara la tela previamente para recoger el maquillaje parece haberse extendido alrededor del rostro, generando un collarín invisible que bien podría ser una sombra o una mancha de sangre.

Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo…  y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista
Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo… y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista

Conforme avanzamos en la exposición, la figura antropomórfica del rostro se desvanece y se asemeja cada vez más a manchas o a impresiones que expresan el desgaste de un fenotipo. Una especie de antifaz y una máscara con colores fosforescentes quedan estampados en dos piezas sobre superficie blanca, evocando aún rostros de payaso. Finalmente, nos despiden dos piezas en tela gris, una mostrando los contornos mínimos del rostro de un payaso, distinguiéndose el rosa y el verde como parte de su maquillaje; mientras que en la siguiente ni siquiera puede distinguirse un rostro, sino sólo una marca de algo que ha perdido su forma.

No puedo dejar de señalar las tenues manchas y nubes de aerosol distribuidas aleatoriamente por las salas y escaleras de la galería, las cuales generan una sensación de abandono en el espacio, como si algo no se hubiera terminado. De alguna manera, hacen eco con las faceprints, tampoco muy definidas. Al hacer continuar el maquillaje de los payasos hacia las paredes, el artista cuestiona también el formato tradicional de la pintura limitado a un lienzo.

Las piezas muestran diferentes formas de habitar al payaso como aquel a quien le cuesta trabajo sostener su propio semblante, por ello se desvanece y tiene que quitarse el maquillaje cada vez. De ahí que la pregunta acerca de la identidad pase por la superficie del rostro, dejando huellas de una corporalidad siempre cambiante. Cada pieza es habitada por un fantasma que aparece de distinta manera según quien mire. Hay algo de siniestro en esas huellas, también algo triste que se logra generar con los globos, las manchas y los rostros: imágenes no terminadas y tonalidades que remiten a la espectralidad.

Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo…  y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista
Vista de la exposición Soy un extraño para Dios/ para la policía/ para mí mismo… y para mis amigos, Juan Caloca, 2020, Estudio Marte. Cortesía del artista

El gesto de mantener algunas piezas sin bastidor, o sin marco, así como el uso de materiales ordinarios como las toallas, el maquillaje y los globos de fiesta, pero sobre todo el rostro como medio de impresión, da cuenta de un momento en la obra de Caloca que mantiene abierta la pregunta sobre la identidad y los modos en que esta aparece. Sus faceprints son una impronta que se repite tantas veces que hacen de la identidad un espectro que tan solo logra aparecer gracias al engaño del maquillaje.

No dejo de preguntarme: “¿Qué significa la semejanza con un fantasma?"

Casi al irnos, Juan infla un globo con helio y lee con una voz aguda: “Soy un extraño para Dios, para la policía, para mí mismo y para mis amigos”.

La muestra está abierta hasta el 2 de agosto, cita previa.

Juan Caloca

Stefanía Acevedo

Publicado el 24 jul 2020