Reseña
Publicado el 9 oct 2019

Casi un signo | Sobre Roseta de Andrés Felipe Castaño

En Galería Karen Huber
Reseña
por Bruno Enciso
En Galería Karen Huber

Una imagen no se está quieta, ¿cómo podría? Incluso cuando alguien busca fincarla con palabras, se escurre un poco. Paul Valéry escribe: “Tal como el agua, el gas y la corriente eléctrica llegan a nuestros hogares desde lejos para servirnos con imperceptible maniobra, así se nos abastecerá en el futuro igualmente de imágenes visuales o series organizadas de sonidos que aparecerán y volverán a abandonarnos con un pequeño gesto, casi un signo.”

Me asombra que habiéndola escrito en un tiempo ajeno a este, la imagen que escribe Valery hable de lo que hay aquí, de nosotros, de mí. Cuando la sorpresa disminuye, me pregunto por el ánimo del autor. ¿Cómo se sentía Valéry con esta intuición? ¿Asustado? ¿Entusiasmado? No creo que los pequeños gestos ni las imperceptibles maniobras sean neutrales; si las imágenes se comportan como el agua, el gas y la corriente eléctrica, seguro que pueden causar mareo.

Esa imagen la rescata Walter Benjamin y la usa en sus elaboraciones alrededor de la reproductibilidad técnica. Parece haber estado muy atento a todo lo que pasó después del surgimiento y expansión de la fotografía y el cine. El mundo estaba allá afuera y de pronto está aquí, enmarcado. ¡Tremendo shock! No de esos que provocan un grito, sino de los que sacuden los ojos. Muchas cosas han cambiado, el marco estaba en papel y ahora está también en las pantallas, sin embargo, una pregunta se mantiene: ¿el mundo aquí enmarcado es el mismo que está allá afuera? Benjamin sugiere que no y, hasta ahora, le creo.

Pensé en Benjamin cuando tuve el placer de conversar un poco con Andrés Felipe Castaño en Roseta, la exposición que actualmente presenta en la galería Karen Huber. Le pregunté cómo había tomado la decisión de trabajar con pinturas clásicas, esas que se estudian a detalle en los libros de Historia del Arte. Me contó que un día se dio cuenta que durante todo su posgrado de formación artística -centrado en pintura- había visto muy poca pintura; en realidad sólo veía fotografías impresas. “Y nunca se ven igual”, dijo. De esta a aquella enciclopedia, de esta a aquella editorial, papel, escala, tinta, en el ejemplar viejo y en el nuevo, nunca se ven igual. Otra vez, tremendo shock.

Vista de instalación, Roseta, Andrés Felipe Castaño, Galería Karen Huber, 2019, Cortesía de Galería Karen Huber
Vista de instalación, Roseta, Andrés Felipe Castaño, Galería Karen Huber, 2019, Cortesía de Galería Karen Huber

En Roseta, Andrés rescata las imágenes de varias pinturas clásicas y con ellas ensaya un problema. Traza sobre las pinturas una retícula y en cada una de sus secciones asigna un grado distinto de nitidez respecto de la imagen original (que uno ya no sabe bien dónde queda). Como si con las imágenes que vienen como agua llenara botellas de distintos tamaños y grados de transparencia.

La selección de apenas ocho cuadros dispuestos en la galería funciona como una provocación a la mirada actual que necesita que las imágenes se estén quietas y se vean igual. Escoger un solo cuadro para mirarlo ya es estar atendiendo muchas imágenes a la vez. Lo veo y me dirijo al mito que me cuenta, al salón de clases, al video musical que usa como referente, al texto que describe el retrato de una época. Voy a todos esos lugares pero en ninguno me estaciono mucho tiempo.

No creo que con la obra se sostenga una apología acerca de la importancia de estar en presencia de la obra auténtica. De hecho, creo que verla en pantalla le sienta muy bien. Ahí surge una pregunta: ¿qué le pido a una imagen según su marco?

El problema que el artista ensaya no busca justificarse únicamente con conceptos. El shock le vino al comparar distintas versiones de la misma pintura reproducidas en fotografías impresas, por eso decide trabajar con la materialidad de las propias impresiones.

Vista de instalación, Roseta, Andrés Felipe Castaño, Galería Karen Huber, 2019, Cortesía de Galería Karen Huber
Vista de instalación, Roseta, Andrés Felipe Castaño, Galería Karen Huber, 2019, Cortesía de Galería Karen Huber

Los cuadros se dibujan con la mano imitando una máquina de impresión offset, el más usado en la industria editorial. Son capas de círculos regulares y equidistantes de colores sólidos que en su superposición conforman la imagen. Roseta es el nombre técnico del patrón. En el offset la máquina promete ser precisa. En el cuadro me encuentro con manos que pese a su insistencia, a veces tiemblan. Y no por ello pierden su efectividad para mostrarme la imagen.

Ver la obra y visitar la exposición pueden desatar una sutil pero violenta sacudida sobre nuestros modos de ver arte, no solo desde teorías que analizan las supuestas estructuras de un sujeto abstracto, sino desde el ejercicio ocular que ancla la aparente solidez del objeto artístico, teniéndolo en frente. Bien podría Roseta detonar otras escrituras que aborden desde hábitos individuales hasta criterios institucionales de conservación y uso de obras clásicas. Si pienso en mi propio mareo por las imágenes, pienso en atenderlas capa por capa, punto por punto. A veces cerrar los ojos.

*Benjamin cita a Valéry en la tercera redacción de LA OBRA DE ARTE EN LA ÉPOCA DE SU REPRODUCTIBILIDAD TÉCNICA. Véase WALTER BENJAMIN, Obras Completas Libro I Vol. 2, ABADA Editores, España 2008, p.53.

Publicado el 9 oct 2019