La insistencia del fascismo: sobre “Estética del dominio” en el Museo Anahuacalli

Reseña

La insistencia del fascismo: sobre “Estética del dominio” en el Museo Anahuacalli

por M.S. Yániz

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Antes de entrar, el Museo Diego Rivera Anahuacalli exige quitarse todos los prejuicios ideológicos asociados al cubo blanco y su papel histórico en la guerra fría: como espacio de “neutralidad” para el despliegue estético y político de Estados Unidos en su pugna con Europa y el resto del mundo. El Anahuacalli hace de museo de antropología, archivo personal, pirámide de adoración y casa popular de acercamiento cultural. En un espacio tan codificado, las exhibiciones temporales son un reto museográfico y crítico, pues no sólo hay que colocar nuevos objetos junto a los miles que ya hay, sino imaginar espacio en donde parece no haberlo. Se trata de organizar por sustracción.

Juan O’Gorman, Nuestra maravillosa civilización”, 1976 (detalle). Cortesía del Museo Anahuacalli
Juan O’Gorman, Nuestra maravillosa civilización”, 1976 (detalle). Cortesía del Museo Anahuacalli

Estéticas del dominio, curada por Arturo Pimentel y Karla Niño de Rivera en el contexto del 61 aniversario del museo, parte de una serie de fotografías de Alemania, en la década de 1930, perteneciente a la colección de Diego Rivera. La intención de la muestra es doble, por un lado, trabajar el archivo del régimen nazi resguardado por Rivera y, por otro, pensar en la circulación actual del régimen estético del fascismo.

Traer al museo fotografías y obras sobre los idearios fascistas disloca un poco su tranquilidad y el embellecimiento con el que se suele recorrer la preciosa colección de arte prehispánico. Asistí a la muestra un sábado a medio día y pude notar el desconcierto de los visitantes cuando encontraban las piezas de la muestra temporal. Como si los públicos, tanto nacionales como extranjeros, se incomodaran al ver imágenes violentas en un recinto al que asisten para contemplar objetos bellos, pese a toda la historia colonial que implica el concepto de lo prehispánico. Temporalmente, el recinto se vuelve una mezcla de tiempos que perturba los afectos.

Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli
Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli

Dentro de los ritmos de la colección permanente hay una serie de fisuras que se hace evidente al llegar a la jaula de Estéticas del dominio. En la entrada está el texto curatorial, pero para encontrar las piezas se debe recorrer todo el recinto y, cuidadosamente, fijarse en las diferencias materiales para distinguir lo que es arte, de lo que es historia y patrimonio. ¿Cómo dialogan aquí las ideas y los tiempos? La muestra pide cruzar los fantasmas de las ensoñaciones prehispánicas para descubrir las imágenes y materias que históricamente respaldan ideologías y someten poblaciones. Al comienzo, el tono es sutil: una pirámide en cuadrícula con opacidades que anuncia que la visión histórica es segmentada. Luego, un diagrama extrañísimo, brillante y hermoso de Gabino Azuela, Esquema de estimulación cognitiva, en el que se promociona un implante cerebral para mejorar la cognición. Azuela me llevó a la ciencia ficción y a que el fascismo es una aberración en la historia, un delirio colectivo. Recordé la serie El Hombre en el Castillo, basada en un libro de Philip K. Dick, en donde el mundo es otro porque los nazis ganaron la guerra; la resistencia ve en películas dispersas fragmentos de un mundo liberal liderado por Estados Unidos (el nuestro). La narrativa abre la hipótesis de un mundo inverso, en el que la realidad es también un implante al cerebro colectivo, como en la pieza de Azuela.

Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli
Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli

Al centro del recorrido, en el segundo piso, se encuentra la jaula en la que se exhiben las fotos del régimen nazi resguardadas por Rivera. Junto a ellas, algunos grabados e imágenes de movimientos antifascistas y denuncias caricaturescas. En esta dialéctica, la estética del dominio se hace palpable como uso de los cuerpos colectivos.

Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli
Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli

Junto a la jaula se encuentra una máscara de gas que Rivera utilizó varias veces en sus murales, como si fuera necesario colocar un index de realidad a las imágenes de la exhibición, como si la mera representación no bastara para exhibir el fascismo en su brutalidad. Al otro lado de la jaula, se encuentra una maceta poética que enrarece la materialidad histórica de la muestra. Esta maceta es una pieza de la serie Flores Silvestres de Ivan Argote. En ella, el artista rescata un fragmento de la base de figuras históricas en bronce y, al rebanarlas, las llena de flora local que poco a poco va muriendo, sugiriendo que incluso los grandes nombres y sus historias son transitorias, y que ni la violencia más atroz sobrevive al ciclo y la belleza de la planta más salvaje.

Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli
Vista de la exposición ‘Estética del dominio’, Museo Anahuacalli, 2025. Cortesía del Museo Anahuacalli

La muestra se sucede en oscilaciones entre la historia como lo que realmente ha sucedido y los gestos poéticos materialistas de artistas que huyen de la reificación ideológica. Creo que el éxito de la exhibición de colecciones sucede cuando se logra presentar el pasado no únicamente como realmente ha sido, sino cuando logra reavivar a los fantasmas que nos persiguen. Porque al final curar es ser el fantasma de los fantasmas ajenos, es perseguir espíritus que podrían no querer volver. Nos volvemos los cazadores de una memoria inactiva. Y es ahí, cuando tensionamos los tiempos para que la historia se muestre como un cúmulo de afectos materiales que estallan contra la constitución del presente.

En una sala del segundo piso hay un video de una mujer que con todas sus fuerzas corre de un tanque de guerra. Esta pieza fue la que más noté que incomodaba a los espectadores. Es notorio que el video es una puesta en escena, ni el tanque le apunta ni la mujer trata de escapar. Al fondo de la imagen hay árboles en los que podría esconderse, pero no lo intenta. La frustración del público crecía al notar que realmente la mujer no estaba huyendo, sino que iba en círculos. El video es de Regina José Galindo. Se la muestra corriendo en Kassel, la principal ciudad productora de armas en la 2ª Guerra Mundial. Quizá lo que esta pieza exhibe es que, sin notarlo y sin quererlo, todos estamos haciendo como si huyéramos del fascismo sin saber muy bien cómo escapar realmente de él, o si queremos hacerlo. Porque, contrario a los años 30, hoy no sabemos cuál es el tanque de guerra que avisa su llegada.

M.S. Yániz

Publicado el 4 enero 2026