Agresividad controlada: sobre "Good Boy" de Eyibra

Reseña

Agresividad controlada: sobre "Good Boy" de Eyibra

por Stefanía Acevedo

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5 min

Durante la semana del arte, Eyibra (1992, EE. UU.) presentó Good Boy, donde propone una reflexión sobre cómo la masculinidad que se forja en la violencia patriarcal está acompañada de la obediencia, la agresividad y el ataque. La performance tuvo lugar en la parte trasera de un estacionamiento. Había que llegar temprano para no perder el lugar porque era entrada libre. Al ingresar, el público se aglomeró en distintos puntos detrás de dos filas de vallas de hierro, dejando un pasillo en medio para que tuviera lugar la presentación.

La acción: Eyibra, con el torso desnudo, se posicionó detrás de una reja que lo separaba de Jack, mientras este era sujetado por su entrenador. El artista sacudía un bastón de bambú que spostuvo durante toda la performance. El sonido y movimiento del bastón provocaban los ladridos de Jack. En un segundo momento, cuando Jack se encontraba preparado para atacar, Eyibra se puso su traje de protección completo y quitaron la reja que los separaba. A partir de ese momento se iniciaron una serie de repeticiones donde el entrenador daba la orden de atacar y Jack se lanzaba sobre el brazo o pierna del artista. Luego, bajo otro comando, Jack soltaba y corría de regreso.

Eyibra, performance “Good Boy”, febrero 2026. Cortesía del artista
Eyibra, performance “Good Boy”, febrero 2026. Cortesía del artista

¡Ataca!

Jack estaba ansioso y jadeante, ladraba, gemía y salivaba. Es un pitbull entrenado para guardia y protección, así que sabe cómo y cuándo atacar. La pieza muestra la literalidad de una violencia impregnada en el cuerpo; el uso de la fuerza y la resistencia, el no tener miedo a pelear; todo ello como una evidencia de lo que forja la masculinidad patriarcal. Eyibra estaba protegido con su traje, en un ambiente controlado donde se ejercía una dinámica de poder: él tenía un bastón de agitación, hecho de bambú y partido en piezas, para generar un ruido seco que mantenía en alerta al perro. Con ese bastón también provocaba a Jack para que siguiera mordiéndolo. El entrenador del perro era quien realmente tenía el poder, su voz comandaba la situación, ponía un alto y una continuación. Esta observación me la dijo la humana que cuida a “Manteca”, una chihuahua de 10 años, con quien conversé después del performance. Ambas coincidimos en el repele que nos provocaba el uso de un perro para fines artísticos.

Eyibra se exponía parcialmente al impacto de la mordida y, pese a las protecciones que utilizaba, las marcas del ataque quedaron inevitablemente en su cuerpo, pero también en el de Jack, pues mordió su propia lengua y dejó algunas gotas de sangre en el traje blanco del artista. Esta pieza no oculta la desigualdad de los roles, de hecho, las exalta. Es parte de la propuesta del artista para mostrar cómo toda violencia patriarcal se produce como un proceso de dominación.

Eyibra, performance “Good Boy”, febrero 2026. Cortesía del artista
Eyibra, performance “Good Boy”, febrero 2026. Cortesía del artista

Se pueden constatar todos los ensayos que tuvieron Jack, el entrenador y Eyibra. La disciplina atravesaba cada movimiento, mostrando la tesis del artista sobre la violencia patriarcal como una repetición, como un entrenamiento que se obedece sin cuestionamiento. La pieza es como un pleonasmo conceptual: explora la violencia con violencia, la dominación con dominación; aunque no por ello dejó de movilizar todo tipo de afectos.

¡Suelta!

Se sentía la tensión, la ansiedad y la expectativa morbosa de quienes presenciábamos la performance; sólo vi a una mujer que se tapaba los ojos mientras una amiga le contaba qué sucedía. Algunas personas sonreían, emocionadas. Al finalizar la pieza, escuché a alguien decir decepcionado: “Yo quería ver sangre”. Esto evidenciaba una disposición sádica de una parte del público. Es importante mencionar que la gente podía retirarse, nada lo impedía, y nadie lo hizo.

Eyibra ha trabajado anteriormente con la confrontación, tanto con su propio cuerpo, como con otros humanos. El giro aquí es que lo hace con un perro, un riesgo que el artista decidió tomar y, sobre el cual, probablemente, estaba advertido. En ese sentido, veo una posición de quien decide insistir en la posibilidad incomodar a su público.

Después de alrededor de 15 minutos, Eyibra se puso de rodillas ante Jack y este se acostó frente a él por orden de su entrenador. En ese momento, sutilmente el entrenador le informó al artista que “algo” no era posible. Quizá el artista quería acariciar a Jack. No lo sabemos. Tal vez es mi fantasía de reconciliación lo que aquí está jugándose. Jack regresó a su transportadora. Eyibra recibi sus aplausos.

Eyibra, performance “Good Boy”, febrero 2026. Cortesía del artista
Eyibra, performance “Good Boy”, febrero 2026. Cortesía del artista

¡Ven!

Sin duda me atravesó personalmente presenciar esta performance. Pensaba mucho en Tristi, el pitbull que cuido y que recibe un entrenamiento para dejar de sentirse amenazado por los humanos. Reconozco que me costó trabajo tener una disposición no juiciosa sobre la pieza, al mismo tiempo quería saber qué tan posible era explorar otros registros de la performance sin eclipsarla con mi propia brújula ética. Es imposible renunciar a ella, pero eso no significa que es todo lo que puede decirse de una pieza. Todo esto me hace reconocer una contradicción importante en mi posición frente a Good Boy, pues a pesar de mi distancia hacia ella, no deja inevitablemente de regresarme el reflejo de los tiempos que vivimos, donde la agresividad y la crueldad son la primera reacción ante cualquier señalamiento.

Jack no es un perro rabioso ni descontrolado, por el contrario, su obediencia mostraba toda la disciplina aprendida que precisamente lo aleja de la violencia. Él no es violento, pues lo que hace es morder y soltar a su presa. A diferencia de ello, la violencia patriarcal no sabe soltar, consume todo, se forja como un sometimiento de lx otrx como único modo de afirmación a sí misma.

Stefanía Acevedo

Publicado el 17 feb 2026