
Héctor Falcón
Elipsis
Exposición
-> 22 ago – 29 oct
Inaugura el 22 ago | 11:00AM - 5:00PM
Ricardo Reyes invita a la exposición individual de Héctor Falcón, Elipsis.
La obra de Héctor Falcón ha venido a definirse a partir del cuerpo, sea el suyo propio, que le sirvió, como fue documentado, en tanto objeto último de afectos y efectos, a partir de un working out, campeando entre el ideal renacentista y la cultura que ha definido nuestro devenir, sirviéndose de extensión del mundo al tener tatuado en el antebrazo la palabra UNTITLED, a partir de la cual se permite –a manera de superhéroe- señalar los objetos y situaciones del mundo, asumirlos como obra y darles un nombre que no es un nombre, sino una designación, una falla: algo que no fue dicho y que, por lo mismo, queda dicho de esa manera, comparable –a manera de símil- al Nadie que asume Ulises en la Odisea frente al Cíclope, quien cuando se ve atacado por el héroe, invoca a ese nadie como un alguien, dándole la oportunidad al mundo de no tener nombre, dado que se ha convertido en otra cosa, para desde ahí ser descrito como un acto más que como objeto. No tiene título o nombre pero es un poste de luz, un tambo de basura, una banca o un semáforo, sin tener que remitirnos a los objetos sino a escenas enteras, sea en cruces de avenidas, sea en parques, sea en salones, mercados, sea en baños o habitaciones, sea lo que podamos ver a través de la ventana. Se nos dice, sublimado, en su momento, para serlo en ese momento, aunque deje de serlo un momento después.
Es desde el cuerpo mismo que se desarticula, para ser la extensión que señala y dice, trabajando –recurriendo por lo mismo a una metáfora de la creación desde lo cibernético- a partir del uso de impresoras tridimensionales, que en su proceso nos invitan a reflexionar sobre la construcción misma de los cuerpos, su trasposición y señalamiento; dichos o trazados, línea por línea, para manifestarse en su consistencia semejante a las apariciones que se nos habían prometido, sabiendo que nuestro futuro estaría hecho de plástico. Lo es, en tanto medio, pero lo que busca representar Falcón es el cuerpo de lo inefable, el cuerpo que se construye, como una evolución condenada a disolverse, como objeto que define el paisaje, siendo una derivación –si se quiere- de las humaredas que se constituyen como cuerpos liberados –almas, queda sugerir- del incendio que –como lenguaje- se comunica y consume aquello que se vive como una continuidad entre armado y desarmado, construcción y de-construcción, muerte y renacimiento. La materia que se niega para disolverse en el entorno como chocolate en polvo en un vaso de leche, siendo lo que era aunque ahora sea -o pueda ser- otra cosa.
De los residuos vendrá la vida nueva, pero dicha como representación se convierte en objeto, mismo que, más que gestarse, se arma –línea a línea- como un patrón en el espacio. Faltaría tener la impresora tridimensional en sala para crear en situ la instalación que nos diga el paisaje como abstracción, estando dispuesto ahí para conformar y definirlo como espacio, haciéndose el cuerpo de la obra como disposición, funcionando en tanto cuerpos que, a diferencia de los cuerpos en el performance, sobreviven o permanecen al acto para decirse como dinámica, inmóvil a su pesar, que enuncia la eterna disgregación de los entornos, el trance que lo convierte y lo transforma, el rayo que cae y provoca el incendio. Quedarán los restos para luego hacer recuento de los daños, pero mientras, nos queda ver, llenos de arrobo, las formas que se van constituyendo en su combustión, fungiendo como ave fénix, deslindándose en un juego de luces y sombras en tanto patrón de lo inefable: aquello que se arma y se dispone para abrirse y manifestarse, llenando el cielo del momento, solo para desaparecer un momento después, disuelto en un envase hecho entelequia, sin bordes, aunque queramos dárselos, siendo que lo sabemos -o queremos saberlo- un contenedor. Pero hacemos elipsis, como nos pide el título mismo de esta muestra. Imaginar los procesos es cosa nuestra, dado que los he traído a cuento, lo que nos queda es el resultado, omitimos el proceso para asumirlo constituido, armado, terminado, contingente aunque nos queda la ilusión de que se nos ha aparecido de repente. Hay que resignarnos al respecto de su horizonte. Es lo que queda, es lo que es.
Nos queda referirla como cuerpo, de momento, detenida en el instante en que se constituye, cual brotes que, desde su naturaleza, se saben tan desprendidos como desaprendidos, listos para llenar el cielo, convertidos en el momento que se deja atrapar en el transcurrir de todas las cosas. Es momento en el que nos asumimos testigos inmóviles, aunque no lo seamos, no pudiendo serlo, resignados a dejarlo transcurrir. En tanto cuerpos, vamos siendo llevados igual, de manera tan consistente como relativa, por el espacio-tiempo. Mientras estamos siendo quedarán –si se quiere- nuestros retratos, como estos que construye Héctor Falcón, haciendo abstracción de lo que no se puede sujetar para tenerlo: sea la humareda como ramo, el lapso que nos toma hacer o decir un retrato, las nubes arreadas como rebaño, dispuestas sobre la mesa, conjuradas, sabiéndose objetos, con un cuerpo y un peso, negadas en lo que se constituye –negada- a manera de juego, su representación. ¿Será entonces que hacen elipsis las partículas en cada uno de sus saltos cuánticos? ¿Cada cuándo? ¿Cada cuánto?
—Ricardo Reyes
Artista