Matías Paradela

Matías Paradela

El camino del dodo

Campeche presenta la primera exposición individual de Matías Paradela (1989, La Plata, Argentina) en México que lleva por título El camino del dodo, en referencia al ave endémica de Madagascar desaparecida en el siglo XVII, hoy ícono de la extinción.

Los siete lienzos presentes en la muestra fueron realizados en el estilo naïf característico del artista argentino. Por medio de trazos maximalistas y tonos vibrantes, sus composiciones rinden una visión antropomórfica de ciertos objetos del cotidiano, en particular garrafas o tanques de gas. Se trata de un elemento distintivo de la sociedad boliviana (donde Matías reside desde hace 10 años), que condensa significados ligados a la transformación política, económica y social que atraviesa actualmente el país sudaméricano, a raíz de la crisis energética y una escasez de recursos agudizada en la última década. Aquí, este objeto es el sujeto histórico del final de una era, que implica probablemente su próxima desaparición. Alguna vez símbolo de modernidad y progreso, el tanque de gas se acerca poco a poco a la obsolescencia y podrá ser considerado como vestigio, de la misma manera en que las ánforas antiguas servían una función práctica y comercial, y constituyen actualmente tesoros dentro de acervos institucionales del mundo entero.

Interesado por el naturalismo del siglo XVIII y XIX, Paradela encuentra resonancias entre su trabajo y la obra de dos artistas que, al igual que él, son de formación autodidacta: el pintor Melchor María Mercado (1816, Virreinato del Río de la Plata –actual Bolivia), cuyas ilustraciones buscaban mostrar la realidad boliviana de los distintos estratos sociales, y el pintor Cándido López (1840, Buenos Aires), conocido por sus detalladas escenas de guerra y paisajes. Siguiendo este acercamiento intuitivo y personal a las referencias que nutren su trabajo, los paneles laterales de la presente exposición establecen, con humor, un diálogo con una icónica pintura del artista Alex Katz, en los cuales la garrafa de gas cobra un aspecto estilizado, casi femenino, similar al acercamiento de Katz a su musa y esposa, Ada Katz.

El camino del dodo se despliega en Campeche como una escenografía envolvente en donde predomina y se recupera el simbolismo del amarillo, —color original de las garrafas de gas, camiones repartidores y las tuberías industriales en Bolivia—, e historicamente evoca la riqueza y abundancia boliviana, presente como uno de los colores en su bandera. Los formatos grandes y la continuidad casi muralística en las obras remiten a la dimensión teatral de la construcción de la historia, que implica la invención de mitos y adoración de íconos. En esta las garrafas antropomorfizadas se presentan como personajes de una puesta en escena que, tras años de integrarse al paisaje cotidiano andino, se transforman en testigos presentes, corporizando el peso de la memoria colectiva.

— Campeche