GONCE + BOSCO

Galería Secreta, presenta El arquetipo del Yo de Francisco Gonce y Juan Bosco.

Tomando como principio el “yoyismo” y la manera en que este puede crear arquetipos —es decir, un modelo casi “único”—, esta exposición nos revela fragmentos del pensamiento que surgen desde el inconsciente y que, sin embargo, trascienden hacia lo colectivo.

El Yo como ente protagónico: rostros enmarcados y perceptibles, acompañados de animales que en algunas pinturas superan el tamaño humano. El animal revela entonces lo sublime, aquello que no corresponde a lo real, sino a lo que busca colarse más allá de lo visible. Y aunque intentemos fijar la mirada para concentrarnos en una sola pieza, de pronto irrumpe otro cuadro, justo al lado, gritando: voltea.

Textura, color, profundidad y movimiento entre cuadro y cuadro dirigen la exposición en un recorrido dinámico que nos conduce de los paisajes y retratos de Bosco hacia la permanencia entre el público y el eco que generan las formas en la obra de Gonce. Así, Gonce aparece casi después de cada imagen de Bosco, tomando su propio lugar con una obra que nos lleva de manera inmediata a la otra, cada obra de cada artista se convierte en puertas que van marcando una entrada y una salida… hey, voltea, ya gritó otro cuadro. Ese gesto de color tan vibrante se vuelve perceptible incluso con la visión periférica y dice: YO, mírame.

Bosco, situado siempre entre lo real y lo simbólico, es capaz de llevarnos de la mano a acariciar el pensamiento colectivo.

Nos muestra apenas un poquito desde la imagen que logra traducir, seduciéndonos con los títulos hacia la materia en sus texturas; entonces, eso se vuelve suficiente. Bosco nos dice: aquí.

Gonce nos muestra, a través de sus pinturas, lo que implica observarse desde el otro. En los estados de su pintura, el Yo se manifiesta como concepto: simetría, público, ondas en repetición y situaciones de la vida que también revelan lo cotidiano. Gonce nos dice: estoy.

Inconscientemente, un cuadro busca siempre al otro; no a su par ni a su complemento, sino a su propio reflejo. Pues el Yo solo existe a través de la observación del otro. Se dice que los extremos siempre se tocan: de un lado y hacia el otro, y en medio, la conciencia que los roza y los une, siendo el cuerpo quien integra mente, materia y espíritu en un solo ser y en este caso en una pintura.

Esta exposición revela dos miradas que se unen no solo en la práctica artística, sino en los conceptos que conforman un arquetipo, quizá el más importante de todos: el del Yo.

Hoy esta muestra dice: Yo. Mañana resonará en nuestro inconsciente colectivo como: Nosotros.

— Francisco Pechan