Reseña
Publicado el 18 feb 2021

La presencia de lo oculto. Sobre Arqueología futura de Roberto Del Río

Residencia artística en Ñú
Reseña
por Cristina Torres
Residencia artística en Ñú
La historia como disciplina se encuentra mal hoy en día porque ha perdido de vista sus orígenes en la imaginación literaria.
Para aparentar ser científica y objetiva, ha reprimido y negado su mayor fuente de fuerza y renovación.

— Hayden White en “El texto histórico como artefacto literario”

Esta reseña necesita ser una crónica de una hora suspendida en la cápsula espacial que desde hace un año se sedimenta, desenvuelve y reemerge en el número 75 de la calle Durango, el sitio de Arqueología futura. Podríamos llamarle exposición y habitación y estudio y caverna e invernadero a la anomalía conjurada por Roberto del Río dentro de una de las primeras residencias porfirianas de la colonia Roma.

Es evidente que la casa tiene su propia historia, desde sus volúmenes y trazos arquitectónicos con nostalgia parisina, los vestigios de la colección del anticuario que alguna vez habitó el espacio, las sucesivas capas de terraformación construidas por Roberto gracias a que la pandemia convirtió un proyecto de exposición en una residencia de más de un año, hasta la remodelación programada para cuando Agencia Ñú deje el espacio y continúe en manos de un despacho de arquitectura.

Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista
Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista

¿Te gusta el informalismo?

“Mucho, muchísimo”, respondió Roberto, claramente emocionado. Para hablar de las obras primero es necesario aclarar a lxs lectorxs: no imaginen unidades delimitadas en el sentido convencional —una pintura, una escultura, una instalación— sino especies de zonas sembradas con objetos donde las fronteras entre una y otra pueden variar.

Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista
Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista

“¿Hasta dónde es esta obra?”, pregunté en uno de los cuartos del segundo piso. “Mmm…”, evaluó Roberto, “la pintura y la repisa; sería todo lo que va en el muro [...] son como módulos, también los podría separar.” Su obra consiste en una especie de teoría integrativa sobre la duración materializada en vestigios arqueológicos que provienen de su colección, antigüedades olvidadas en la casa, libros sobre matemáticas, dibujos de moléculas inspiradas por las teorías de Plank, pinturas densísimas de decenas y decenas de capas acumuladas, minerales, mosaicos, plantas, tierra, tierra, tierra, secuencias de matemáticas sagradas y el abrazo de un paisaje sonoro diseñado para inscribir sus ecos en el espacio.

Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista
Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista

(((((((Excavar y enterrar)))))))

En una conversación reciente, la artista sonora Adriana Santiago compartió la historia de la palabra humilde y cómo ha sido distorsionada con el uso, cuando su raíz viene del latín humus, la tierra, los pies en el suelo. Las obras de Roberto del Río tienen algo de eso: las tierras de distintos ecosistemas mezcladas con pigmentos y capas de las pinturas, el polvo intencionalmente acumulado sobre las obras para marcar el paso del tiempo antes de ser cuidadosamente encapsuladas en acrílico, el nuevo suelo elegido para la casa, la tierra de la selva del sureste donde algunas pinturas han sido bañadas por la lluvia y enterradas hasta un año antes de resurgir de su hibernación calculada.

Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista
Vista de la residencia artística en proceso Arqueología futura, Roberto Del Rio, Ñú. Foto: cortesía del artista

Se trata de un tiempo tan registrado como ficcionado, ni positivista ni caprichoso, sino intuido desde la colisión entre el tiempo lineal y el arrastre inagotable de un toroide, materializado en un movimiento doble de excavación y sepultamiento. Regresar a buscar las huellas de lxs antiguxs y preparar los indicios que serán legados, un espacio escrito como una historia de naturaleza poética*1.

Para visitar Arqueología futura, agendar cita aquí.

*1 En su libro Metahistoria. La imaginación histórica en el siglo XIX, el filósofo e historiador Hayden White propone la imposibilidad de una distinción entre historia y ficción.

Cristina Torres

Publicado el 18 feb 2021