Reseña
Publicado el 1 abr 2021

Las serpientes, los ojos y lo que insiste. Kowatl de Ileana Moreno

En Estudio Marte
Reseña
por Sandra Sánchez
En Estudio Marte

Al inicio del video las performers están muy atentas a la cámara que se encuentra frente a ellas. Los movimientos de las dos cuerpas, los disfraces rosas con sombreros de tela y peluche que emulan la cabeza de la diosa Coatlicue y el escenario, que incluye pinturas de Omar Mendoza, conforman un montaje pensado para desplegarse en el ojo de lxs espectadorxs, bajo la lógica común de ver sabiendo que te ven de vuelta. Algo parecido a un coqueteo o a un espectáculo.

Sun’s best friend (2021), de Ileana Moreno, muestra a la artista performando junto con Cecilia Sordo en un audiovisual que “se compone de una canción sobre la amistad con el sol y el video de serpientes bailarinas que unen sus cabezas como la Coatlicue”. La diosa mexica se asocia a la fertilidad, a la vida y a la muerte, fue madre gestante de Huitzilopochtli (de ahí la correspondencia con el sol) y su nombre significa "la que tiene su falda de serpientes".

Ileana Moreno, Sun’s best friend, 2021, video (stills). Fotos: Sandra Sánchez
Ileana Moreno, Sun’s best friend, 2021, video (stills). Fotos: Sandra Sánchez

Sin embargo, más que para establecer una relación con la historia pasada y sus detalles, la artista toma motivos de Coatlicue para explorar una narrativa propia: un proceso de “autoincubación” en el que “yo soy la serpiente, nosotras somos la serpiente”, vinculada al fuego*1. La mirada de frente busca une cómplice o una testigo que participe de la ceremonia de autodeterminación festiva que sucede una y otra vez, en loop, dentro de un cuarto oscurecido en Estudio Marte. Debajo de la pantalla vemos parte del vestuario, telas que contuvieron al cuerpo antes de que mudara de piel.

Vista de la exposición, Ileana Moreno, Kowatl y el mejor amigo del Sol, Estudio Marte, 2021. Foto: Sandra Sánchez
Vista de la exposición, Ileana Moreno, Kowatl y el mejor amigo del Sol, Estudio Marte, 2021. Foto: Sandra Sánchez

El reconocimiento a través de la mirada del otro es constitutivo de la subjetividad moderna: lo que pensamos de nosotrxs mismxs se filtra por lo que pensamos que lxs demás piensan de nosotrxs mismxs. Sin embargo, es interesante que esta primera aproximación a lo propio se disuelve conforme transcurre el video. Las performers comienzan a bailar en complicidad. Sobre la marcha, el rostro y la mirada abandonan la intencionalidad del primer plano para dar paso al cuerpo entero, a la coreografía, al espacio construido en el movimiento y a la música (de Lviiv) que lo cubre todo.

El tránsito de la mirada al ritual cierra con una escena en la playa en la que la artista, ya sin disfraz, entierra una bola roja, inundada por la luz solar, frente al horizonte y al mar. Luego, imprime tres veces la mano sobre la arena dejando una huella triangular. El símbolo es visible pero le pertenece más a ella en su acción, que a la cultura, al lenguaje y a la interpretación. Aquí no hay hermenéutica, hay vibraciones.

Los tres momentos no producen una escalada o un clímax, nadie gana ni pierde algo, por lo tanto, no hay héroes ni personajes secundarios. No estamos frente a un relato transaccional, sino frente a una acción de autolegitimación compartida, no sólo entre ellas o con lxs espectadorxs, también con la historia en tanto pervivencia de afectos y espectros que insisten y se transforman a través del tiempo para no desaparecer. En el video las formas culturales (cabeza de serpiente, Coatlicue) no preceden a las identidades sino que se eligen, incluso a intervalos no regulares: no todo el tiempo, no para siempre.

Al transitar de la oscuridad de la sala de proyección a la luz del cuarto contiguo se abre la posibilidad de encarnar la serpiente: frente a tres telas largas sublimadas con fotogramas de los videos están dos pedestales y dos sombreros. Hay quienes se animaron a usarlos e incluso se dejaron fotografiar. Vemos diferentes actitudes frente a la cabeza prestada; aunque el sombrero es el mismo, el cuerpo entero es quien define el uso, el tempo, la diferencia.

Vista de la exposición, Ileana Moreno, Kowatl y el mejor amigo del Sol, Estudio Marte, 2021. Foto: Sandra Sánchez
Vista de la exposición, Ileana Moreno, Kowatl y el mejor amigo del Sol, Estudio Marte, 2021. Foto: Sandra Sánchez

Moreno me dice que los sombreros los pensó para que cada que alguien los usara le diera cuerpo y vida a Coatlicue. El juego es gozoso. Transformarse momentáneamente en animal y en diosa, sin por ello definirse o definirla… el acierto en el uso del peluche y de los adornos con forma y color de rosas en los sombreros consiste en eludir la solemnidad del rito para transitarlo al cotidiano, al kitsch de las mercerías y de lo común. Bailar como diosas, en pares, multiplicar las extremidades, mirar para dejar de mirar, para hacer lo que a cada quien incumbe —en el acto, no en la herencia— en fragmentos no en narrativas normativas y pesadas. Incluso transformar el nombre en un acto de renovación e, insistimos, de pervivencia, la exposición se titula Kowatl*2 y el mejor amigo del sol.

Vista de la exposición, Ileana Moreno, Kowatl y el mejor amigo del Sol, Estudio Marte, 2021. Foto: Sandra Sánchez
Vista de la exposición, Ileana Moreno, Kowatl y el mejor amigo del Sol, Estudio Marte, 2021. Foto: Sandra Sánchez

Sandra Sánchez

Exposición abierta con cita hasta el 8 de abril.

*1: Ver hoja de sala.

*2: Kowatl refiere a la sonoridad de Coatl: serpiente, mellizo.

Publicado el 1 abr 2021