Entrevista
Publicado el 14 may 2020

El éxito de nuestro fracaso, entrevista a Cecilia Vicuña

Retrospectiva en el MUAC
Entrevista
por Fabiola Talavera
Retrospectiva en el MUAC

Con base en como había operado en entrevistas pasadas, esperaba hablar con Cecilia Vicuña cara a cara, en un modo conversacional. No fue así. Aunque recientemente se inauguró una exposición retrospectiva sobre su trabajo en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo, cuando me dispuse a contactarla, Vicuña ya había regresado a Nueva York, la ciudad que la acoge estos días.

Ante la posibilidad de hacerle una llamada telefónica o mandarle un correo electrónico, opté por la segunda opción. Las llamadas siempre me han dado pánico. Algunas semanas después, la entrevista remota ya no era solo una circunstancia, sino una necesidad. La pandemia del virus Covid-19 nos había forzado a distanciarnos. Por otro lado, esta situación global nos ha obligado a estar siempre disponibles detrás de un monitor, ¿dónde más podríamos estar si no es en nuestras casas? Aún así, creo que se debe respetar el tiempo de ocio y reflexión. Un correo siempre será mucho menos amenazante que una llamada que exige respuestas inmediatas.

La exposición titulada Veroír el fracaso iluminado nos lleva por un recorrido de más de cien obras que Cecilia Vicuña ha realizado a lo largo de varias décadas. Sus exploraciones siempre han transitado entre múltiples disciplinas, de la escultura a la pintura, del performance al video.

Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera
Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera

Las primeras obras de su carrera las realiza en 1966. Vicuña creó pequeñas esculturas a partir de deshechos encontrados en la playa de Concón, en Chile. Tituló a esta serie de naturaleza frágil Precarios.

Lo precario nació por sí mismo, sin premeditación ni alevosía. Sentí que la mar me sentía y quise responder, planté un palito en la arena, como un signo para que la mar lo borrara. Así comenzó mi diálogo con la mar.

Vicuña reordena elementos orgánicos e inorgánicos, como palitos de madera, tapas de botellas, plumas, telas e hilos, para crear esculturas efímeras que eventualmente serán tragadas por su entorno. Como la palabra hablada que se activa al ser lanzada al aire, los Precarios funcionan como un conjuro para dialogar con la tierra. Vicuña me cuenta que en 1954 el gobierno chileno ya había instalado una refinería de petróleo en Concón, un antiguo sitio precolombino. La desaparición de las esculturas es para ella una forma de regenerar la vida, utilizando como materia prima residuos que fueron descartados por la lógica consumista.

Mientras Vicuña comenzaba su práctica artística a mediados de los sesenta al margen de las instituciones, en Norteamérica, Ana Mendieta conectaba su cuerpo con la tierra en actos simbólicos. También surgía el movimiento del Land Art, impulsado por galerías comerciales enfocadas en preservar el registro fotográfico de obras monumentales dejadas a la suerte de su entorno. Sin embargo, para Vicuña, en los 60 y 70, el arte sudamericano no había sido invadido todavía por las presiones del mercado del arte. “Éramos libres de imaginar otra realidad”, comenta.

Más allá del recuento anecdótico, queda muy poco registro fotográfico de los Precarios de estos primeros años, pero su diálogo con la mar no terminaría en Concón. En 1990, Vicuña inaugura en la galería Exit Art de Nueva York una exposición donde presenta una serie de Precarios bajo el nombre Pueblo de Altares. A semejanza de esa instalación, la retrospectiva del MUAC presenta en una playa de arena alrededor de ochenta Precarios hechos desde los años 80 hasta la actualidad.

Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera
Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera

En Chile, Vicuña funda junto a sus amigos La Tribu No. Operando entre 1967 y 1972, el grupo se encargó de generar acciones lúdicas que eventualmente la historia denominó como happenings. Le pregunté cómo se conformó este grupo y qué era aquello a lo que se negaban.

Primero escribí el No manifiesto, diciéndole NO al mundo como era, afirmando otra forma de ser, luego, me di cuenta que hacía falta una tribu para darle vida al manifiesto, hice los No Carnet y esperé a mis amigos, diciéndoles "ahora somos la Tribu No", se rieron y no le dieron importancia. Así supe que eran realmente la Tribu No.

Con una beca del British Council, Vicuña se va a estudiar a Londres en 1972. Un año después, Chile recibe un golpe militar por parte de las Fuerzas Armadas de Chile para derrocar al presidente de izquierda, Salvador Allende. Tras este acontecimiento, Vicuña solicita asilo político en Inglaterra.

El golpe fue un acabomundo para todos los que como yo se nutrían del espíritu de justicia y gozo que animaba la Unidad Popular. Todo lo que conocía y amaba se derrumbó. Estar lejos o cerca no cambiaba el dolor.

En respuesta a estos sucesos, Vicuña, aún en Londres, forma junto a David Medalla, John Dugger y Guy Brett, la organización Artistas por la Democracia. En conjunto, organizaron un festival y una subasta que movilizó a artistas para crear obras en beneficio de la lucha chilena por la libertad.

Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera
Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera

Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera
Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera

Como una táctica no armada ante las mentiras propagadas por el golpe de Estado, Vicuña concibe en 1973 la serie Palabrarmas, la cual busca revelar los efectos poéticos y políticos que las palabras tienen sobre la realidad por medio de reflexiones visuales y acciones vivas que desmantelan el lenguaje.

Las palabras inter-actúan con la realidad, tengamos conciencia o no. El mundo cambiaría si viéramos el lenguaje. Quizás algún día se comprendan las consecuencias del lenguaje, del odio que ha generado guerras, masacres y dictaduras. La mentira y los Fake news ahora dominan porque no practicamos el veroír, el arte de discernir la verdad de la mentira.

Veroír, neologismo presente en el título de la exposición, es una Palabrarma: “es un nuevo verbo para el acto de ver el oír, con conciencia de nuestra percepción.” En tanto el sentido de la segunda parte del título, el fracaso iluminado, Vicuña prefiere dejarlo como una adivinanza.

[…] puedo decir que desde una perspectiva andina, el "éxito" de nuestra especie es nuestro fracaso, porque estamos destruyendo la biosfera, liquidando la vida silvestre y sus especies. A este paso, estamos acelerando nuestra propia extinción.

Mucha de la obra de Vicuña versa sobre el agua y los cuerpos que la trasladan, como las playas de Concón, los riachuelos de Nueva York y los arroyos en los Andes. Para ella, el agua es “el vaso comunicante, la conexión que mantiene la vida del planeta”. Un recurso finito que ahora escasea, Vicuña comenta que ya en los 60 se sabía que al agua estaba en peligro: en Chile la dictadura privatizó el agua, dejando a cerca de 4 millones de personas sin acceso a ella.

Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera
Vista de la exposición, Cecilia Vicuña: Veroír el fracaso iluminado, MUAC, 2020. Fotografía: Fabiola Talavera

En 2010, Vicuña regresa a Concón, lugar del nacimiento de su arte, para hacer el documental-poema Kon Kon (2010). En él contrapone rituales de ofrenda a la tierra, orquestas de flautas y bailes chinos nativos del centro de Chile, a las fuerzas destructivas de la globalización, que se materializan en la privatización de los recursos naturales, la imposición de la refinería petrolera, la pesca de arrastre y la destrucción de las dunas de arena.

Le pregunto a Vicuña sobre el rol del arte en la preservación de la memoria más allá de la historia dada.

El arte siempre construye memoria, nuestros actos también construyen memoria, todo contribuye a esa creación continua. Hay que pensar qué clase de memoria estamos construyendo día a día. Recuerdo el día en que encontré una escultura africana, que venía con una nota de su autor, decía: "en nuestro pueblo cada uno se prepara para ser un buen ancestro". Un código ético emergía así. La conciencia del poder de la memoria afectaba el comportamiento. El rastro que dejamos nos conecta con ese futuro ancestral.

Si se hace un recuento de su obra, uno pronto observa un andar idiosincrático por el arte más allá de los cánones y circuitos oficiales, una práctica que busca sanar simbólicamente nuestra relación con la tierra planteando una nueva forma política de percibir y actuar en el mundo.

El principio básico de los Precarios insiste en su inevitable desaparición. Como la vida propia, eventualmente todo se desintegra. Una situación global nos ha llevado a la desaceleración de nuestras actividades y a una incertidumbre sobre el futuro que cuestiona la llamada ‘productividad’. Sobre todo, nos ha obligado a vivir en el ahora, a sentir nuestra constante transformación en un flujo de historia implacable. Vicuña, hacia el final de Kon Kon, reflexiona acerca de las desvanecientes tradiciones chinas: “mientras ellos estén cantando, mientras ellos estén bailando, ese sonido sin palabras de la flauta, aquí siempre habrá vida, aquí siempre habrá viento, aquí siempre habrá palabras.”

Recorido virtual de la exposición Veroír el fracaso iluminado en el MUAC

Publicado el 14 may 2020