Exposición

Allan Villavicencio

Pieles ciegas
Exposición

27 abr – 26 jun

Galería Karen Huber
Marker
Avenida Bucareli 120, Planta alta
Juárez
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cerrado hoy
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Galería Karen Huber presenta Pieles ciegas, primera exposición individual de Allan Villavicencio (Ciudad de México, 1987) en la galería. Pieles ciegas consiste en una serie de pinturas y esculturas que se construyen alrededor de un paisaje de grandes dimensiones: El cortejo*. Pintada a manera de tríptico, la obra apuesta por la contradicción visual entre la construcción de una ilusión pictórica sobre el lienzo y el despliegue de uno de sus paneles en tensión con el espacio físico de la galería. Este nuevo cuerpo de obra continúa con la exploración de Villavicencio sobre cómo funciona la percepción en la pintura. Mediante un lenguaje visual que conecta realidades tangibles y virtuales, él anima visiones versátiles donde la materialidad del color actúa como interrupción visual y como actividad corporal. Las obras que conforman Pieles ciegas generan un vaivén entre planos y volúmenes, descrito en las palabras del artista como una “invitación a recorrer un ‘paisaje residual’ (paisaje-fragmento) creado a partir de las reminiscencias de mi entorno cotidiano”. Tanto motivos como figuras aparecen y desaparecen a través de mutaciones y gradaciones sucesivas en un proceso de composición pictórico que extiende sus residuos en la galería. El imaginario espacial de Allan Villavicencio se refiere en este sentido al estado cambiante de la materia en el proceso de construcción de la imagen, tanto visual como físicamente. En contradicción entre acumulación y excavación —haciendo uso de múltiples capas de pintura y textil— sus obras revelan lo que se esconde, lo impalpable, lo fantasmagórico. A pesar de su calidad formal, las obras de Allan Villavicencio son piezas sensibles que potencializan la imaginación mientras se cruzan con la realidad sensorial. Pieles ciegas juega así con un erotismo material que devela metáforas de lo formado y sin forma; de lo inanimado y vivo. La seguridad del personal de la galería y los visitantes es primordial y seguiremos los protocolos establecidos por las autoridades. El ingreso será por medio de cita previa y todos los visitantes deberán usar cubrebocas.

*El texto de Fernanda Ballesteros que acompaña la exposición se inspira en la obra y en la narrativa espacial y material que esta conlleva.

Un brazo flaco y largo de sol toca uno de los huecos de la casa. María apaga la lámpara, foco de luna, toma la tela que rodea el astro en tamaño de puño, la despliega, la gira soltándola hacia el techo transparente, alza los brazos, cierra los ojos, y la tela entra en ella como vestido. María, con el ajuar, cambia de color de pupilentes, se cepilla el pelo rizado, y se brinca de género. María ahora es Mar con zapatos de tap.

Agua caliente con limón antes del café, respiraciones de kundalini previos al cigarrito mañanero. Las sobras de los granos de café los tira en uno de los lagos sin fondo de la casa mientras vocaliza en agudos aaa aaa aaa aaa aaaaa. Las ondas de Mar transforman el agua en bruma aaa aaa aaa aaa aaaaa aaa aaa aaa aaa aaaaa.

Un brazo flaco y largo de persona toca una de las cortinas de la casa:

— Toc toc toc, dice To, su mano moviendo el tejido.

Sus pestañas están cosidas, las de arriba con las de abajo. El canto lo aturdió y ya no sabe cómo encontrar las tijeras para abrirse los párpados. Mar toma una de las espadas que cuelgan del techo transparente, la hunde en la bruma de uno de los lagos sin fondo mientras vocaliza ahora en graves mmm mmm mmm mmm mmmmm. Saca la espada, ahora miniatura, abre la cortina, dice:

— Buenos días, To.

— Mar, por tu culpa…

— Sh sh ssssh.

Mar le toma el cuello para detenerlo bien mientras le corta los nudos entre pestañas con la espada en miniatura. Los párpados se abren. No hay ojos. Son dos agujeros negros.

— ¿Por qué vocalizas a esta hora? Sabes que me hace mal, dice To.

— Perdón, amor, las plantas me lo pidieron.

To voltea a ver, con las masas oscuras de su rostro, las macetas en forma de bocas, y la fronda que no tapa la vista al jardín. Toma algunas de las hojas, se enrolla en ellas, se peina el pelo liso, se lo trenza para volverse Tonina.

— Hoy te voy a preparar pastel de frutas, le dice Mar, así me perdonas el cambio de sueño.

Mar, coqueto, se acerca a Tonina con pasos de tap, clac, clac, clac. Las plantas caminan por los músculos de Tonina, quien espera, inmóvil, el beso de Mar. Las lenguas juguetean, la de Tonina baja al hoyuelo de la barbilla de Mar, hueco con sabor a fruta. Uva, manzana, melón, plátano, papaya. Las hojas se siguen deslizando, lentas como nubes, hacia los trozos de galaxia que Tonina porta como ojos.

— Fernanda Ballesteros, Abril 2021

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