Exposición

Andrew Birk

Para Mi Hija
Exposición
4 de feb – 25 de abr, 2020
Galería Karen Huber
Avenida Bucareli 120, Planta alta
Juárez
hoy abierto12:0019:00

Para su segunda exposición individual en la galería, Andrew Birk (Corvallis, Oregon, EE.UU, 1985) presenta un nuevo cuerpo de obra conformado por pinturas en gran formato, que generan una secuencia de pistas descubriéndose a través de una fabula contemporánea sobre el devenir y la inocencia. Para Mi Hija nos sumerge en las aventuras de una niña yuxtapuestas con las visiones de su padre, quien le ofrece una llave para el hallazgo del mundo a partir de sus propias experiencias. El artista crea un universo onírico poblado por una naturaleza exuberante, llena de animales y personajes extraños. Ellos se vuelven narradores de parodias sobre nuestra sociedad, así como metáforas del crecimiento. Más allá del ámbito autobiográfico, esta exposición es una reflexión sobre el tiempo y la memoria - recordando que los cuentos para niños no tienen nada de ingenuidad y que hablan de la condición humana con sus miedos y esperanzas.

De niña, recuerdo haber visto relojes de sol en casas de familiares o en plazas publicas de pueblos en Francia. Me fascinaban aquellos instrumentos ornamentados con símbolos celestiales, al igual que las siluetas que creaban en las fachadas. Me habían dicho que a través del sol se podía medir el tiempo, pero en ese momento no lo entendía bien. La realidad es que ahora sigo confundida – esto del tiempo sigue siendo toda una abstracción. Cuando visité a Andrew y su familia en Cataluña, al llegar a su taller y futura casa, noté un reloj de sol averiado, del cual solamente quedada el gnomon —la varilla que indica las horas— creando un dibujo que no puede hablar del tiempo calculado sino crear un baile abstracto de sombras. En la serie de pinturas que descubrimos en esta exposición, también encontramos un ballet con el tiempo a través la reinterpretación de la famosa anamorfosis de Holbein (Los Embajadores, 1533). Según quien mire, la representación distorsionada - una imagen dual, borrosa o clara - crea el tono inseguro de una línea de tiempo o de una intención de orden. ¿Qué papel juega la incertidumbre como modo de construcción pictórica?

En este corpus, gracias a juegos de escalas y perspectivas Andrew Birk crea una sensación casi psicodélica con las superficies que se sienten palpables, como si estuvieran dotadas de movimientos. Así, se abre la posibilidad de pensar en una “dinámica” de las capas de pintura. Una rana quiere saltar del lienzo y alejarse de lo mundano, como un comentario social sobre las relaciones entre clases y un guiño a la historia del arte. El anfibio nos muestra su torso, lo escondido de su cuerpo, una visión poco común que nos recuerda el intersticio entre ella y nosotrxs. En una alusión quizá más sutil sobre los estratos, una serpiente entre mudas espera paciente el renacer de su piel. ¿Están saliendo esos cuerpos del lienzo? O será que nosotrxs lo rompemos, vislumbrando a través de una turbia espiral que funciona como un portal de acceso a la última superficie, a las emociones.

Como una serie de situaciones inconexas y de personajes incómodos, las pinturas nos remiten a los cuentos populares acompañados de la malicia que los caracterizan. En estas obras, las sombras se perciben como un hábitat donde todos los fondos y las figuras existen viéndonos, evocando la ambigüedad de lo cotidiano y su extrañeza. Otras presencias, como espectros textuales en un movimiento imperceptible, envejecen con la piel que tatuaron, se diluyen con el agua, o poco a poco se desintegran con la piedra que los soporta.

Una fresa con mirada determinada, entre tierna y tramposas; un hombre que parece perdido en su torpeza; unas señoras glamurosas y otras figuras sin identidad, son elementos que bien pueden ser mensajeros o encarnaciones propias dentro de sus obras. En todos ellos se siente la presencia versátil de Andrew acompañando a su hija en estos mundos adyacentes que él le está abriendo. No son dulces, sino que retan: ya sea con una luz mágica, resaltando una atmósfera verde donde se esconde una criatura gigante, o a través de un paisaje frondoso que promete, quizás, un horizonte pacífico. En esos caminos boscosos, los sujetos podrían ser gigantes u hormigas, y simultáneamente invitan y expulsan al espectador. Entre los cambios de perspectiva, de tiempo, de escala y de rol; de espectador y de sujeto, surge la pregunta: ¿es el padre quien está guiando a su hija o al revés?

–– Aurélie Vandewynckele