Exposición

Néstor Jiménez

La importancia de ser autosuficiente
Exposición

25 ene – 6 mar
Termina en 6 días

Proyectos Monclova
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Calle Lamartine 415
Polanco V Sección
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hoy abierto 11:00 16:00
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La galería está esperando indicaciones del semáforo de la Ciudad de México para recibir al público de manera presencial, pero por lo pronto pueden conocer las exposiciones a través de un video recorrido que incluye entrevistas a los artistas. Estas podrán consultarse en su página web.

¿Cuál es la importancia de ser autosuficiente sino aprender uno mismo a ser útil a los demás?

Una estrategia clave para la consolidación del poder soviético durante la primera parte del siglo XX fue la prolífica producción de literatura infantil la cual, siguiendo el código moral e ideológico bolchevique, inculcaba hábitos de trabajo, aprendizaje de habilidades técnicas y la asimilación de eventos históricos fundacionales a través del juego, así como la supresión del carácter fantástico en sus temas e ilustraciones por considerarlo poco útil para la formación revolucionaria del niño soviet.

Dentro de esta línea de pensamiento llaman la atención trabajos como We build from cardboard (A. Leptev, 1932) y Politecnican Young (N.D Belayanov / V.P Nardashev, 1931), en los que pueden observarse con toda nitidez, los objetivos predeterminados para la población infantil de la entonces emergente dictadura del proletariado: ¡Autosuficiencia, amor por el trabajo, colectivización! El primero de ellos ofrece una serie de modelos recortables para armar que representan a las industrias más importantes del plan quinquenal soviético, con la finalidad de familiarizar a los educandos con su futuro centro de trabajo y crear en ellos un sentido de valoración del esfuerzo de los trabajadores de la patria en pequeña escala. Por su parte, el segundo ejemplo propone una serie de imágenes que ilustran algunos modelos de casas que el soviético común podía construir con sus propias manos y con las de su comunidad. Seres humanos armoniosos.

Ambos ejemplos son útiles para ofrecer un amable marco de lectura para estas obras y establecer un punto comparativo, entre el reconocimiento de las diversas y perversas distorsiones ideológicas reflejadas en la arquitectura vernácula de las distintas etapas socioeconómicas de la historia mexicana y las sustanciales apropiaciones e intercambios con la U.R.S.S muchas veces exotizados. Esto puede observarse en el origen Slacker, el primer partido socialista en México cuyo punto más álgido, más allá de la educación socialista alcanzada durante el Cardenismo, está en los experimentos de la escuela racionalista del grupo LUZ, donde, similar al modelo soviético y adecuado a las particularidades del país, impulsaron en sus libros de texto escolares estrategias de desarrollo social y económico autosustentable, como la inclusión de manuales para la siembra de jitomates.

Paradójicamente, estas acciones —sumadas a la cosmovisión religiosa (colonial) latinoamericana— fueron revistiendo el quehacer revolucionario de misticismo, de manera que la otrora íntegra y pragmática figura del comunista, se transformó en una suerte de “abominable santo” quien, atacado por la vanidad y deseos de apoteosis, se muestra melodramáticamente inmutable. Tal como lo hace Fidel, el personaje desarrollado por José Revueltas en Los días terrenales, quien prefiere dejar morir y pudrir por displicencia a su propia hija, Bandera, y cuyo olor a descomposición podía ser ignorado porque según él, “la vida está llena de cosas mucho más serias y trascendentales”; por ejemplo, el uso del dinero recabado para el entierro de la niña en la entrega a tiempo de la propaganda comunista y el envío de más panfletos a la provincia de Espartaco.

Ejemplos como este de perspectivas ideológicas distorsionadas por el contexto son las que como grupo social, nos han impedido ver la lucha de clases en su complejidad y dimensión científica, cuya experiencia inmediata está más cerca de la interpretación literal de la expresión We build from carboard que de los grandes monumentos. De manera que la conquista de las barriadas y la construcción provisional o auto dirigida, puede leerse como la cara más cruda y a la vez auténtica del socialismo mexicano, que en algunos casos, ha encontrado la perversa gloria en la precariedad sustentada en aritméticos principios ideológicos; al igual que la reencarnación de Mao para Sendero Luminoso, los amplificadores con pedazos de radios soviéticos, los parches para batería de radiografías de Eskoria en Sta. Clara (Cuba) y el Ultrametal en Medellín.

Así nuestra historia compartida transcurre entre irregulares bloques de concreto cuyas acumulaciones y ángulos estridentes recuerdan con cierta ironía y desánimo a las monumentales construcciones brutalistas —eso sí, más brutas— que desdibujan todo rastros de pulcritud estilística, a cambio de un mestizaje entre el sueño del bien común y las aspiraciones de autosuficiencia.

Tal como ahora, estas pinturas, mediante el uso de materiales constructivos y residuales, se plantean como un hilo conductor entre las primeras ensoñaciones de los libros infantiles soviéticos y los cruentos espacios constructivos regularmente encasillados en la disfuncionalidad, la fealdad y las ideaciones románticas acerca de la “arquitectura del pueblo”.

La importancia de ser autosuficiente es un espacio para la reconsideración histórica de las aspiraciones convulsas de grupos humanos que rebasados por una desastrosa realidad, optaron por diluir y permear a través de los “techos sociales” ciertos saberes prácticos, como el modesto conocimiento sobre el aplanado y el uso de concreto, adquirido durante la adolescencia (al estilo Politecnican Young: Housing) mientras mis hermanos y yo (a veces de mala gana) ayudábamos a mis padres a construir la casa familiar.

— Néstor Jiménez